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El Papa visitará en Argelia la casa de dos misioneras agustinas españolas asesinadas en 1994
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El papa León XIV será el primer pontífice de la Iglesia católica en visitar Argelia, cuna del padre de la Orden de San Agustín a la que pertenece, y donde se encuentra la casa de las agustinas misioneras. Robert Prevost tendrá una visita privada a Bab El Oued, donde vivieron Esther Paniagua y Caridad Álvarez, dos religiosas españolas asesinadas a tiros cuando se dirigían a celebrar la Eucaristía en el día del Domund de 1994.
Ambas forman parte de los 19 mártires de Argelia, que fueron beatificados por el Papa Francisco en 2018. Murieron tras haber decidido permanecer en el país a pesar de las amenazas recibidas tras la crisis política de la década de los 90, según destacó Obras Misionales Pontificias (OMP) en la antesala del viaje papal, que arranca este 13 de abril.
“Los misioneros en un principio estaban tranquilos, a pesar de la crisis que se estaba viviendo, hasta que en mayo de 1994 mataron a los dos primeros religiosos. Entonces, los obispos de Argelia escribieron una carta a las comunidades y a los superiores pidiendo que por favor nadie permaneciera en Argelia si no estaba en total libertad y asumiendo esa decisión a nivel personal”, ha explicado a OMP Mª Jesús Rodríguez, que en ese momento era la superiora provincial de las agustinas misioneras. Ella misma viajó a principios de octubre hasta Argel, y reunió a las 12 religiosas que estaban en el país, para hacer un discernimiento sobre qué debían hacer.
“La pregunta fundamental era: ¿Qué voy a hacer yo a nivel personal? ¿Permanecer o salir provisionalmente? Las dos cosas eran legítimas y muy buenas, porque la amenaza que tenían era triple: por ser extranjeras, por ser cristianas y por estar ahí, nada más”, reflexionó la hermana. Acompañadas de monseñor Henri Teissier, arzobispo de Argel, dedicaron varios días a la oración a la luz de la Palabra de Dios, para discernir "qué quería el Señor para el pueblo argelino".
“Trabajábamos en varios hospitales, en guarderías de la Media Luna Roja, en la promoción de la mujer argelina… Y no es que fuéramos necesarias, lo único que queríamos era estar y acompañar la vida en ese momento de dificultad”, continuó. El día 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, cada hermana dio su respuesta: “Se fueron pronunciando personalmente, que se quedaban”. Mª Jesús recuerda cómo celebraron la Eucaristía y se ofreció en ella esa decisión personal y comunitaria: “Nos sentíamos más libres después de haber tomado esa decisión”.
“Siempre salía en las comidas la pregunta de ‘¿y si os pasa algo?’, a lo que las hermanas respondían: ‘Si nos pasa algo, nadie nos quita la vida porque ya la hemos entregado”, recuerda con cariño Mª Jesús, que permaneció en Argel durante unas semanas, y fue testigo del asesinato de Esther y Caridad.
DOMUND
Era la Jornada del Domund, y las misioneras recordaron lo mucho que se estaría rezando por los misioneros en el mundo, y se dispusieron a salir para misa. “Llegó la hora de acercarnos a misa, la habían adelantado una hora para no terminar tan de noche, y Esther y Caridad salieron primeras. El embajador nos había dicho que por seguridad nunca saliéramos la cuatro juntas, sino de dos en dos”, rememoró Mª Jesús.
“Después salimos otra hermana y yo, y en el camino, ya cerquita, escuchamos dos disparos. La gente nos decía que nos fuéramos, y entramos en una casa que lindaba con el patio de las Hermanitas de Foucauld, donde íbamos a la misa, y en ese momento oíamos llanto”, continuó.
“Evidentemente pensamos que había pasado algo con algún cristiano, pero no imaginamos que eran nuestras hermanas… hasta que hablamos a través de la pared con una de las hermanitas, que nos dijo: Esther y Caridad”.
En seguida llegaron las ambulancias, pero no pudieron salvarlas. Mª Jesús agradece el trabajo del embajador español, que siempre las había cuidado, y que se encargó de todos los trámites para la repatriación de los cuerpos. “En aquel momento estaba en shock, no sabía ni donde estaba”, reconoció la religiosa.
En España les esperaban los familiares de las misioneras asesinadas: “Una señora le preguntó a la madre de Esther a la entrada del cementerio de León si perdonaba a los que habían atentado contra su hija, a lo que ella respondió: ‘Si no perdonara, mancharía la imagen de mi hija”.
Tras ser reconocido su martirio, las familias y las hermanas pudieron regresar en 2018 a Bab El Oued. Entre ellos se encontraba Ana Mª Guantay, superiora general actual de las agustinas misioneras. “Después de muchísimo tiempo, pudimos volver a la casa, y celebramos en la capilla la primera Eucaristía tras el martirio, me emociono al recordarlo, porque era un lugar sagrado por la vida de las hermanas, uno puede decir que hasta la piel de ellas estaba en las paredes, porque allí rezaban, discernían, lloraban por los dolores de la gente, por la impotencia”.
En la actualidad, las agustinas misioneras han reconvertido esta casa en un centro de acogida y amistad para niños y mujeres argelinos. “Ayudamos a que esos niños vivan también una experiencia de paz, de que se puede vivir, no importa las culturas y la tradición religiosa que tengamos: Dios nos hermana en el bien, en el amor, en la capacidad de ponernos en pie unos a otros”, concluyó.
IGLESIA PEQUEÑA PERO VIVA
Obras Misionales Pontificias ha entrevistado también al padre blanco valenciano monseñor Diego Ramón Sarrió Cucarella, obispo de Laghouat desde 2025. “Me he encontrado una Iglesia muy pequeña, pero profundamente viva”, explicó, sobre su llegada a esta diócesis que cuenta con poco más de 2.000 católicos, y que abarca gran parte del Sáhara argelino. “Formada en gran parte por personas venidas de otros países –estudiantes, trabajadores, migrantes, religiosos-, es una especie de ‘Iglesia mosaico’ muy diversa y en constante renovación”.
“Para una Iglesia pequeña como la nuestra, la visita del Papa es un signo muy fuerte de comunión y cercanía: nos recuerda que no estamos solos, que formamos parte de un cuerpo más amplio”, afirmó monseñor Sarrió. “Para nuestra Iglesia, estoy seguro de que será también una confirmación de nuestra propia vocación: ser una presencia humilde, fraterna y fiel en medio de una sociedad mayoritariamente musulmana”.
En este contexto, OMP subraya que evangelizar significa ante todo vivir el Evangelio en el día a día. “Aquí aprendemos que la misión no se mide por lo que se puede contar, sino por la fidelidad”. Y en ese sentido, el testimonio de los beatos mártires de Argelia es muy importante.
“Su memoria está muy presente, pero se vive de una manera profundamente evangélica: no como un recuerdo doloroso o identitario. Sino como una llamada a la fidelidad y a la entrega”, añadió monseñor Sarrio. “Estos hombres y mujeres no murieron por haberse posicionado contra nadie, sino que murieron al lado de otros, por haber permanecido en medio de un pueblo al que estaban profundamente unidos. Eligieron quedarse en un momento muy delicado de la historia reciente del país, compartiendo la vida y amando hasta el final”, concluyó.
(SERVIMEDIA)
10 Abr 2026
AHP/gja


