Casa Real
El Rey homenajea a Samaranch por elevar el olimpismo a "una forma contemporánea de humanismo"
- Ensalza que los Juegos de Barcelona 1992 demostraron al mundo lo que España puede hacer "cuando la fuerza, la energía, la competencia leal, la voluntad de superación se ponen al servicio de la concordia"
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El rey Felipe VI elogió este martes en Barcelona a Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) durante más de dos décadas y figura clave en la designación de la ciudad condal como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, y afirmó que "el olimpismo era, para él, una forma contemporánea de humanismo".
El jefe del Estado lanzó este mensaje durante un acto que tuvo lugar en el Palacete Albéniz, en el que rindió homenaje a quien fuera máximo responsable del COI entre 1980 y 2001, año en que fue nombrado presidente de honor vitalicio.
"Juan Antonio Samaranch supo ver la competición deportiva como medio para ensalzar la dignidad del ser humano. El olimpismo era, para él, una forma contemporánea de humanismo; algo que todo verdadero olímpico, y así me considero, puede compartir", dijo.
Don Felipe recordó que en aquellos Juegos de Barcelona 1992 tuvo "el privilegio de ser abanderado" del equipo español que ganó 22 medallas y lamentó que personalmente se quedó "en puertas" de obtener un metal en vela y tuvo que conformarse con un diploma olímpico, del que se siente "igualmente orgulloso".
Al repasar la trayectoria de Samaranch, ensalzó que la celebración de los Juegos en España plasmó la "enorme satisfacción" que tenía el entonces presidente del COI "por la confluencia de las tres causas a las que había entregado sus mejores energías: nuestro país, esta ciudad y el movimiento olímpico internacional".
"En sus 21 años al frente del COI lideró con gran ímpetu y convicción la transformación del olimpismo en su dimensión institucional, en su potencial diplomático, y en la innovación técnica y tecnológica, lograda junto a los comités nacionales y las Federaciones internacionales de las disciplinas olímpicas", añadió el monarca.
"También logró atraer los grandes patrocinios ligados a los derechos televisivos de retransmisión, que cambiaron para siempre la dimensión, alcance y potencia de la mayor cita y espectáculo deportivo del mundo. Me consta, y su hijo Juan Antonio seguro que nos lo confirma, que su humanidad y su inteligencia dejaron en Lausana un recuerdo, un legado, que aún pervive".
Felipe VI señaló que en la actualidad todo el mundo es consciente "del poder transformador de los Juegos" y de cómo en 1992 ayudaron particularmente a cambiar la ciudad de Barcelona. "Fueron una extraordinaria inyección de moral: enseñaron al mundo, y nos mostraron a nosotros mismos, de lo que éramos (y somos) capaces cuando trabajamos juntos".
Rememoró que la situación geopolítico de aquella época, a principios de la década de 1990, el mundo contemplaba con "extraño optimismo" al fin de la guerra fría, el nacimiento de las repúblicas exsoviéticas, los cambios en el mapa europeo, el conflicto de los Balcanes y una "creencia de que podría avecinarse un tiempo de estabilidad y cooperación" con el Proceso de Paz de Oriente Medio en marcha que arrancó en la Conferencia de Paz de Madrid en 1991.
"El olimpismo quería ayudar a pasar esa página de la historia, mostrándonos lo que éramos capaces de lograr cuando la fuerza, la energía, la competencia leal, la voluntad de superación, se ponen al servicio de la concordia", resaltó. Como ejemplo, sacó a relucir también que en Barcelona hubo un dignatario internacional "muy singular que dos años después sería elegido presidente y jefe de estado de su país y que quedó especialmente impresionado por lo que vio y vivió" en la capital catalana.
"Años más tarde, confesaría que esta ciudad y estos juegos fueron su inspiración para cohesionar a su sociedad a través del deporte: para cerrar las heridas abiertas. El país era Sudáfrica. El presidente se llamaba Nelson Mandela. Y aquel fue un proceso de reconciliación, de reconstrucción moral y ética de un pueblo, que aún hoy asombra y conmueve al mundo", destacó en el cierre de su discurso para proclamar que "ese capítulo de la historia es también parte del legado imperecedero de Juan Antonio Samaranch".
El Ayuntamiento de Barcelona y el Comité Olímpico Español organizaron este homenaje coincidiendo con el 40 aniversario de la designación de la ciudad condal como sede de las Olimpiadas. En concreto, el próximo 17 de octubre se cumplirán cuatro décadas del momento en el que Samaranch anunció desde la ciudad suiza de Lausana la elección de la ciudad condal como sede olímpica, una designación que supuso una transformación histórica de la capital catalana.
El rey Felipe fue miembro del equipo olímpico de vela en clase Soling en los Juegos de Barcelona 1992, en cuya inauguración desfiló como abanderado del equipo español. Terminó en sexto lugar y obtuvo por ello un Diploma Olímpico. Además del Rey, el acto contó con la presencia del presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el presidente del COE, Alejandro Blanco; y diversos representantes de la familia Samaranch.
(SERVIMEDIA)
02 Jun 2026
MAG/PAI


