Sismología

Sismovega desplegará 50 kilómetros de fibra óptica para buscar señales precursoras de terremotos

- Un proyecto liderado por el CSIC aplicará en la Vega Baja del Segura tecnología ya utilizada para el seguimiento de enjambres sísmicos como los registrados en Tenerife

Madrid
SERVIMEDIA

La comarca alicantina de la Vega Baja del Segura se convertirá en un laboratorio sísmico a cielo abierto gracias a Sismovega, una iniciativa científica que desplegará 50 kilómetros de fibra óptica para analizar si existen señales precursoras detectables antes de un terremoto.

El proyecto transformará infraestructuras de telecomunicaciones ya existentes en una red de miles de sensores virtuales capaces de registrar vibraciones microscópicas del subsuelo en tiempo real, según informó este lunes el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El Instituto Geociencias Barcelona (Geo3Bcn-CSIC), utilizará tecnología láser, fibra óptica y métodos avanzados de cómputo, como inteligencia artificial (IA), para investigar "los procesos asociados a la fractura de fallas y la aparición de posibles anomalías precursoras de terremotos". Se basa en la tecnología conocida como "detección acústica distribuida" (DAS, por sus siglas en inglés). Este sistema utiliza pulsos láser enviados a lo largo del cable de fibra óptica y analiza las señales reflejadas para medir deformaciones ínfimas del terreno. De este modo, cada tramo de fibra actúa como un sensor continuo, lo que permite obtener una resolución espacial muy superior a la de las redes sísmicas convencionales.

El objetivo no es “predecir” terremotos en sentido estricto (un reto que la ciencia aún no ha resuelto), sino identificar patrones físicos que precedan a determinados eventos sísmicos y mejorar la comprensión de los procesos de deformación lenta de la corteza. La Vega Baja no ha sido elegida al azar: se trata de una de las áreas con mayor peligrosidad sísmica de la Península Ibérica, escenario histórico del terremoto de 1829 y sometida hoy a una fuerte presión demográfica y urbanística. Según explicó el equipo investigador del CSIC, el despliegue "permitirá registrar tanto microseísmos imperceptibles como vibraciones asociadas a fracturación activa, circulación de fluidos o deformaciones progresivas". “La gran ventaja de esta tecnología es que convierte una infraestructura ya instalada en una red densa y continua de observación geofísica”, destacaron los responsables del proyecto, que subrayaron también "el carácter experimental de la iniciativa y su vocación de ciencia abierta".

El sistema se apoyará en 50 kilómetros de fibra óptica cedida para el proyecto y contará con un presupuesto cercano a los 300.000 euros y una duración estimada de tres años. Durante ese tiempo, los investigadores analizarán si es posible identificar cambios sutiles en el comportamiento del subsuelo que precedan a episodios sísmicos de mayor magnitud.

ANTICIPAR MOVIMIENTOS MAGMÁTICOS

El enfoque de Sismovega conecta con la experiencia reciente en el seguimiento de crisis sísmicas en España, como los enjambres registrados en la isla de Tenerife en los últimos años. En contextos volcánicos como el canario, el CSIC explicó en distintas ocasiones que los enjambres (secuencias de numerosos terremotos de baja magnitud concentrados en el tiempo y el espacio) pueden "reflejar movimientos de magma o reajustes estructurales en profundidad", y su análisis "requiere una monitorización extremadamente densa y continua".

Aunque la Vega Baja no es un entorno volcánico, los investigadores apuntaron que el principio físico es comparable: "Cuanto mayor sea la capacidad de registrar deformaciones minúsculas y señales de baja energía, mayor será la comprensión de los procesos que ocurren antes, durante y después de un evento sísmico". En Canarias, el refuerzo instrumental tras la erupción del volcán Tajogaite en La Palma evidenció "la importancia de contar con redes de alta resolución para interpretar la evolución de la actividad. Sismovega pretende aplicar esa filosofía tecnológica al ámbito tectónico peninsular".

La iniciativa se inscribe así en una tendencia internacional que explora el uso de fibra óptica como herramienta geofísica de nueva generación. Más allá de la investigación básica, los resultados "podrían contribuir en el futuro a optimizar los sistemas de alerta temprana y a mejorar los modelos de riesgo sísmico en zonas pobladas", añadió el CSIC

Con este proyecto, la Vega Baja se convierte en un banco de pruebas estratégico para una tecnología que, si demuestra su eficacia, podría "ampliar de forma sustancial la capacidad de observación del subsuelo en España". El desafío es ambicioso: no se trata de prometer certezas imposibles, sino de "ampliar el conocimiento sobre los procesos previos a un terremoto y reducir la incertidumbre en uno de los fenómenos naturales más impredecibles".

CIENCIA ABIERTA

Sismovega convertirá la Vega Baja del Segura en un laboratorio científico natural para ensayar tecnologías sísmicas de vanguardia y promover un modelo de ciencia abierta. Los datos generados estarán disponibles en tiempo real para la comunidad investigadora nacional e internacional, con el fin de favorecer el análisis compartido y el contraste de métodos e interpretaciones, según detalló el Geo3Bcn.

El proyecto culminará en 2028, coincidiendo con el 200 aniversario del terremoto de Torrevieja, con la celebración en Rojales de una conferencia internacional y una jornada de puertas abiertas dirigida a la ciudadanía. Además, el sistema se instalará en el nuevo Centro para el Análisis y Monitorización de Procesos Sísmicos con Fibra Óptica (Campo), en San Fulgencio, donde también se desarrollará una iniciativa pionera de divulgación educativa, ‘Escape the Quake!’, una experiencia práctica al aire libre que acercará las geociencias al alumnado mediante retos y trabajo en equipo.

(SERVIMEDIA)
02 Mar 2026
EDU/gja