Cultura

‘The Economist’ recuerda a Gaudí en el centenario de su muerte como un arquitecto amado y a la vez despreciado

MADRID
SERVIMEDIA

La revista británica ‘The Economist’ recuerda, en el año del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, que es un arquitecto, tan amado como despreciado, de estilo “controvertido”.

En un artículo publicado esta semana en su web, coincidiendo con la visita del papa León XIV a España, y concretamente a Madrid, Barcelona y Canarias, ‘The Economist’ resalta que para algunos la Sagrada Familia de Gaudí es propia de un genio y para otros es una “locura gigantesca”, pero “nadie puede dudar de que ha llegado a ser un icono global”. La revista indica que con casi cinco millones de visitantes el año pasado, se coloca entre las iglesias del mundo más visitadas.

Este año ha concluido su construcción con la instalación de la Torre de Jesús, que ha convertido a la Sagrada Familia en la basílica más alta del mundo y que ha sido bendecida por el papa en su viaje apostólico a España.

Para el mundo exterior, Gaudí es casi “sinónimo de Barcelona”, anota ‘The Economist’. “Gaudí era a la vez reaccionario y revolucionario”, añade, con las características curvas en sus edificios y representaciones de animales y plantas. Eran construcciones sumamente originales e innovadoras desde el punto de vista técnico", según resalta la revista.

Señala que el arquitecto tuvo sus influencias más profundas en el catolicismo y el nacionalismo catalán y que se inspiró en el gótico catalán. En 1890, en medio de la guerra cultural contra el anarquismo anticlerical, se unió a un grupo artístico que tenía por mentor a un obispo ultrarreaccionario y abandonó su trabajo comercial para dedicar los últimos 12 años de su vida a la Sagrada Familia. Murió en 1926 a causa del atropello por un tranvía.

‘The Economist’ relata que durante la Guerra Civil, una milicia anarquista destrozó sus maquetas y saqueó sus dibujos y el propio George Orwell consideró la Sagrada Familia como uno de los edificios “más horribles” del mundo. Sin embargo, los surrealistas lo defendieron y en los setenta se desarrolló el gusto por su obra. En los años 80 se aceleró el turismo y la construcción de la basílica se financió casi en su totalidad con las entradas de los turistas.

Otros arquitectos como Frank Gehry o Zaha Hadid han tenido influencia de Gaudí y Le Corbusier también lo admiraba. “La estética de Gaudí sigue generando controversia”, según la revista, que recuerda que el papa anterior, Francisco, inició el camino para declarar a Gaudí santo.

(SERVIMEDIA)
13 Jun 2026
MMR/mjg