Espacio

Una empresa madrileña fabrica suelo lunar para reducir riesgos en futuras misiones espaciales

MADRID
SERVIMEDIA

En el Parque Tecnológico del campus de la Universidad Carlos III, en Leganés, la empresa madrileña Hispansion desarrolla simulantes de suelo lunar que permiten a agencias espaciales, empresas y centros de investigación probar en la Tierra las tecnologías que se desplegarán en futuras misiones a la Luna, con el objetivo de reducir riesgos técnicos, económicos y estratégicos antes de su uso real a más de 380.000 kilómetros de distancia.

El impulso internacional por regresar a la Luna ha dejado de ser una cuestión meramente simbólica o científica para convertirse en un objetivo estratégico, tecnológico y económico. Las misiones del programa Artemis, lideradas por la NASA con la participación de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense, ya no persiguen solo volver al satélite, sino establecer una presencia humana sostenida, con infraestructuras permanentes y capacidad para explotar recursos locales, según vienen insistiendo en las últimas semanas estas agencias espaciales.

“La Luna ya no es solo explorar por explorar”, explicó en entrevista con Servimedia el ingeniero en energías, Carlos Aguilar, co-fundador de una 'startup' que fabrica 'suelo de la Luna'. “Un satélite que concentra recursos críticos, incluidas tierras raras que son esenciales para la tecnología industrial y digital. Hay países y grandes actores detrás de esos minerales, porque son estratégicos para la economía del futuro”, añadió.

Transportar materiales desde la Tierra a la Luna resulta extremadamente complejo y costoso, lo que obliga a desarrollar tecnologías capaces de utilizar los recursos disponibles allí, en la superficie lunar. “Ir hasta la Luna a explorar o a probar cosas sin garantías es inviable. Cada fallo cuesta muchísimo dinero y puede comprometer no solo una misión, sino vidas humanas y años de planificación, inversiones y credibilidad internacional”, explicó.

REGOLITO LUNAR

El regolito lunar, es decir, la capa de polvo y fragmentos de roca que cubre la superficie de la Luna, es "una materia prima imprescindible para testar, antes de acometerlas, prácticamente todas las actividades previstas": desde la construcción de plataformas de aterrizaje, carreteras o hábitats hasta la extracción de oxígeno para soporte vital, la generación de energía o la operación de vehículos y sistemas robóticos. “Todo depende de cómo se comporte ese material; y ese comportamiento hay que entenderlo y reproducirlo antes de llegar allí”, señaló por su parte Jaime Abella, ingeniero especializado en Biología y socio fundador de Hispansion.

Antes de que esas tecnologías espaciales se desplieguen en la superficie lunar, deben ser probadas y validadas en la Tierra. Para ello resulta imprescindible disponer de materiales que reproduzcan con la mayor fidelidad posible la composición y el comportamiento real del regolito lunar. “Si una tecnología se desarrolla en un entorno que no es suficientemente fiel, fallará cuando llegue a la Luna, y allí no hay margen para el ensayo-error”, según Abella.

En ese punto es donde está jugando un papel importante ya el 'regolito' fabricado en Leganés, Terralun. No es un material artificial. “Trabajamos con materiales reales. Utilizamos basalto extraído en España, combinado con otros minerales procedentes de distintos puntos de Europa, para reproducir las características de las diferentes regiones lunares. No es polvo sintético: es geología real procesada”, explicó Abella.

El compuesto Terralun reproduce no solo la composición química del regolito, sino también su mineralogía y sus propiedades físicas y mecánicas. Entre ambos, sin ayuda científica ajena, fueron capaces de desarrollar estos simulanmtes del suelo de las grandes regiones de la Luna: las tierras altas, más claras, y los mares lunares, de bajo contenido en titanio, más oscuras. Sólo en el desarrollo final incorporaron al equipo al doctorando en Geología Planetaria Fernando Alberquilla.

“Lo importante no es solo que el material se parezca al polvo lunar”, explicó Abella a Servimedia. “Lo esencial es que se comporte igual cuando se somete a procesos reales: cuando se compacta, se calienta, se erosiona o interactúa con maquinaria y sistemas”.

Para medir ese grado de realismo, Hispansion utilizó el estándar internacional de la NASA conocido como Figures of Merit (FoM), que evalúa la similitud entre el simulante y el regolito lunar real en parámetros como composición, distribución granulométrica, densidad o resistencia mecánica. Los materiales desarrollados en Leganés alcanzan puntuaciones medias de entre 89 y 91 sobre 100, situándose entre las más altas registradas a nivel mundial.

1.000 TONELADAS DE SIMULANTE

Disponen además de fortaleza de producción a escala industrial. Pueden fabricar actualmente más de 1.000 toneladas anuales de simulante. “Esa capacidad ya existe. No es algo que dependa de planes futuros. Si mañana alguien necesita material para un gran entorno de pruebas, nosotros ya estamos preparados para suministrarlo”, afirmó Aguilar.

La compañía comercializa sus 'regolitos' directamente, desde pequeñas cantidades (a un precio sorprendente a ojos de un profano en la materia: 25 euros el saco de 5 kg.) hasta grandes volúmenes industriales, y ya mantiene contactos comerciales con agencias espaciales y empresas de Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia. Según Aguilar, la demanda “está creciendo de forma clara; aunque a veces haya quien piense que usar este tipo de materiales es opcional, no lo es, porque lo que no se prueba aquí, se pagará mucho más caro en la Luna”.

Estos dos jóvenes formados en España, que estuvieron trabajando en el extranjero (Aguilar en la Agencia Espacial Europea en Alemania) y decidieron regresar a Madrid para crear su propia empresa, están desarrollando ahora otras tecnologías propias. Por ejemplo "procesos de separación de fracciones minerales para construcción avanzada, impresión 3D o extracción directa de oxígeno".

En paralelo, diseñan "sistemas de mitigación del polvo lunar, uno de los principales problemas operativos en la superficie del satélite". “Es extremadamente abrasivo y electrostático. Se mete en todo y puede inutilizar sistemas críticos”, explicó Aguilar: “Si cubre un radiador o un panel solar, ese sistema deja de funcionar, y eso en la Luna puede significar el fin de una misión”.

“Si queremos que las misiones sean sostenibles en el tiempo, tenemos que resolver problemas muy prácticos, como evitar que el polvo inutilice los sistemas. Son retos menos visibles que un lanzamiento, pero absolutamente críticos”, añadió Abella.

ESPAÑA, A LA CABEZA EN INNOVACIÓN

Hispansion apuesta por desarrollar y escalar su actividad desde Madrid. “España tiene talento y capacidad técnica de primer nivel. La carrera por los recursos lunares ya está en marcha, y creemos que tiene sentido que parte de esa tecnología clave se desarrolle desde Madrid”, precisó Abella.

Con la vista puesta en la próxima década, esta empresa española aspira a convertirse en "un proveedor internacional de referencia de materiales de ensayo y tecnologías asociadas al uso de recursos lunares, un papel discreto pero esencial en la nueva economía del espacio", concluyó Aguilar.

(SERVIMEDIA)
25 Abr 2026
EDU/clc/mag