Entrevista
La vida tras un trasplante de corazón: “Antes me ahogaba pero ni me planteaba la cantidad de limitaciones que tenía”
- El libro ‘En la salud y la enfermedad’ relata la vida del periodista Jaime Montes con una cardiopatía desde la niñez, una parada cardíaca, un coma y un trasplante de corazón
- Su pareja, Nuria Ibáñez, coautora de la obra, comparte su diario en los momentos de más temor: “Fue terapéutico”
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
El periodista de Servimedia Jaime Montes (Madrid, 1998) nació con una importante cardiopatía, trató de llevar una niñez y adolescencia lo más “normalizada posible”, pasó por numerosas operaciones y, a los 25 años, sufrió una parada cardíaca, seguida de casi un mes en coma y un posterior trasplante de corazón que le devolvió a la vida, pero con más energía. Todo queda relatado en el libro ‘En la salud y la enfermedad’, escrito a cuatro manos por el propio Montes y su pareja, Nuria Ibáñez, que redactaron la obra a modo de autoterapia, pero en el que emergen también como ejemplo de resiliencia y superación.
“Yo tenía todo súper normalizado; buscar las rutas con menos cuestas o coger el ascensor y evitar las escaleras era lo normal para mí. Ahora, me doy más cuenta de que antes ni me planteaba la cantidad de limitaciones que tenía, aunque me ahogaba”, compartió Jaime Montes en una entrevista con Servimedia tras la publicación de la obra en la editorial Olé Libros.
Jaime expuso que no tenía “un día a día tan normalizado” como entonces pensaba, ya que las limitaciones en la actividad física o las operaciones estuvieron en su vida desde la niñez, pese al buen trato y recuerdo que guarda, y comparte en el libro, sobre su colegio. Con todo, hubo días malos, en los que él se sentía “diferente” por no hacer lo mismo que sus compañeros.
PASAR POR EL TALLER
Tras estudiar Periodismo, empezar a trabajar en Servimedia y alguna que otra operación más, Jaime se despidió de la redacción para ausentarse apenas una semana para, como él decía, “pasar por el taller una vez más”, es decir, otra intervención quirúrgica. Pero algo no salió bien en esta ocasión con su cardiopatía y, unos días después, sufrió un paro cardíaco. Gracias a que estaba todavía ingresado en el Hospital Ramón y Cajal, fue atendido al instante y pudo salvar su vida.
Eso sí, primero pasó semanas en coma, fue trasladado al Hospital La Paz e inició una recuperación intrahospitalaria durante algo más de dos meses y, el 1 de octubre, llegó su “segundo cumpleaños” con el trasplante de corazón, cuando apareció un donante de las características que necesitaba. Era, según los especialistas, la única solución realmente viable.
Jaime, a quien pocos días antes de la parada ya le avanzaron sus médicos que tendría que someterse a un trasplante de corazón y, posiblemente, también a uno de hígado, no pudo finalmente elegir el momento de aventurarse a tal riesgo, porque la vida se lo precipitó todo. “A mí me generaba miedo, nervios, quería buscar otros testimonios, referentes”, recordó .
Tras una dura recuperación, tanto en el hospital como después en casa, fue retomando la normalidad e incluso, yendo más allá, pudiendo empezar a disfrutar de la actividad física en mejores condiciones que antes del trasplante.

DIARIO DEL COMA
Esa recuperación no la hizo solo. Nuria Ibáñez, con solo 26 años de edad y seis de relación con Jaime, vivió lo que nunca esperaba, pese a conocer desde que se hizo pareja de Jaime la discapacidad con la que él vivía.
“Yo a veces pensaba sobre esto, pero nunca esperé algo así”, se sinceró Nuria en la entrevista con Servimedia, para revelar: “Incluso, en cierto modo, me enfadé un poco con Jaime, con la situación, porque nunca nos habíamos preparado para algo así… No sabía siquiera cómo quería que fuera su funeral si las cosas no hubieran salido como salieron al final”, trasladó Nuria, quien incidió en el “miedo” que sintió, sobre todo durante el coma inicial, a que Jaime no lograra sobrevivir.
Su terapia para aferrarse a la vida y la esperanza, aparte de familias y amigos, fue un diario que escribió para Jaime y que está incluido en el libro. “Tenía como una necesidad muy grande de contarle a Jaime lo que me pasaba por dentro y lo que le pasaba a él”, rememoró Nuria, que señaló que “mucha gente se consolaba pensando que Jaime podía oír lo que se le decía, pero yo no creía eso”.
“Soy muy terrenal y, aunque le pudiera hablar, yo quería reflejar por escrito los detalles que luego, si se salvaba, ya no recordaría ni yo misma, seguramente. Si algún día él se despertaba, cosa de la que yo no siempre estuve segura, quería que pudiera leer todo. Yo estaba sintiendo muchas cosas nuevas para mí”, profundizó Nuria, antes de añadir: “Arranqué por Jaime, pero luego fue terapéutico para mí”.
Ella misma confesó ahora que no sabe cómo pudo aguantar aquello sin hundirse. “Ni yo misma lo entiendo”, apuntaló la que, salvo las semanas iniciales, compatibilizó los cuidados que necesitaba Jaime, especialmente tras el alta hospitalaria, con su trabajo como periodista en ‘El Confidencial’.
RETOMAR LA VIDA
Jaime todavía no ha olvidado esa compleja recuperación, sobre todo los primeros meses en casa, cuando no podía siquiera levantarse solo para no hacer esfuerzos con los brazos. “Nuria tenía que estar pendiente, apenas podía salir”, agradeció el protagonista, a lo que ella repuso: “A lo mejor podía salir una hora de casa dejándole todo a mano”.
Con una vida recuperada, las cicatrices emocionales de quien cuida también persisten, aunque el tiempo alivie. La principal es el miedo de Nuria a que le pase algo a Jaime y, por eso, cuando ella se despierta de madrugada, todavía necesita afinar el oído para asegurarse de que sigue respirando mientras duerme.
“Incluso cosas que son buenas noticias, como que las revisiones se vayan espaciando en el tiempo, a mí me generan incluso un poco de angustia. Por mí, como si cada mañana viene un médico a casa y le realiza analíticas y un electrocardiograma para reconfirmar que todo sigue bien”, espetó jocosa.

SANIDAD PÚBLICA
Por otro lado, ambos coincidieron en la entrevista en su gratitud a todos los profesionales de la sanidad pública, a la Organización Internacional de Trasplantes (ONT) y a las personas y familias que, en un momento tan duro, como la pérdida de un ser querido, sobre todo cuando es joven, tienen la generosidad de donar un órgano como un corazón.
“Nos llevan los demonios con los discursos de quienes niegan que los impuestos sirven para pagar los servicios públicos esenciales”, dijo Nuria, a lo que Jaime repuso, optimista, que cree que eso no es mayoritario, especialmente con las enfermedades graves, aunque exhortó: “Tiene que pasar también con las leves, porque son la puerta de entrada al sistema”.
“No somos conscientes de la tranquilidad que da vivir en un Estado en el que, si te pasa algo, te llevan al hospital más cercano y te atienden sin pedirte la cartera antes”, resolvió Jaime.
Salvo ese agradecimiento, Nuria y Jaime niegan el “cierto misticismo” que hay alrededor del corazón, con frases que aluden a sentimientos. Así, desvelaron algunas situaciones en las que les han preguntado si él siente de la misma manera, si nota otras cosas por llevar el corazón que fue de otra persona o si la propia Nuria temía que, al ser otro corazón, él ya no estuviera igual de enamorado.
En suma, tiempo también para el humor en unos jóvenes que han retomado su vida, con secuelas pero con más fuerzas y con un libro bajo el brazo que les sirvió de “desahogo” y que, posiblemente, alguna vez, ayude a alguien que pase por una enfermedad grave o que esté al lado de la persona afectada.
“Yo misma busqué testimonios de chicas jóvenes que se quedaron viudas, sobre todo por cáncer, para sentir que salieron adelante y que yo no estaba sola si me ocurría a mí. Necesitaba referentes. Ahora, a lo mejor, este libro también llega a alguien que esté viviendo situaciones tan graves”, concluyó esta periodista.
(SERVIMEDIA)
19 Oct 2026
DMM/mjg/gja/pai
