Cultura

Las actrices sordas Emma Vallejo y Mari López defienden la lengua de signos como “base dramatúrgica” en el teatro

MADRID
SERVIMEDIA

Las actrices sordas Emma Vallejo y Mari López defienden que la lengua de signos sea la “base dramatúrgica” de ‘Grito, boda y sangre’, un espectáculo del Centro Dramático Nacional (CDN) inspirado en ‘Bodas de sangre’ y otros textos de Federico García Lorca que arranca el próximo viernes. Concebido desde su origen como una propuesta teatral bilingüe pensada para público sordo y oyente en igualdad de condiciones, será accesible también para personas con discapacidad visual, que podrán disfrutar de la obra con audiodescripción y visitas táctiles.

Así lo expusieron en declaraciones a Servimedia, en las que las intérpretes afirmaron que “la lengua de signos está integrada desde el origen del proyecto” y subrayaron que “no funciona como traducción, sino como base dramatúrgica”. A partir de ese planteamiento, explicaron, el montaje combina distintas técnicas teatrales -teatro de manos, títeres, máscaras, danza y coreografía, junto al visual propio del arte sordo- para construir el relato escénico.

La obra, que supone el primer montaje del CDN dirigido por una persona sorda como es Ángela Ibáñez y que se podrá ver del 23 de enero al 1 de marzo, presenta a dos adolescentes sordas que deciden quedarse solas en el aula de teatro de su instituto mientras el resto del grupo asiste a una función no accesible. En ese espacio comienzan a improvisar con textos de Lorca, en un juego que se transforma en un viaje onírico en el que el aula cambia de forma, los objetos se metamorfosean y los límites entre realidad y ficción se difuminan. Además, la dramaturgia correrá a cago de Iker Azkoitia y la dirección asociada de Julián Fuentes Reta.

En este sentido, las actrices señalaron que las decisiones escénicas buscan que la historia sea comprensible “desde lo visual, lo corporal y lo textual”, de modo que tanto el público sordo como el oyente pueda acceder a la obra “sin jerarquías ni dependencias de un solo canal”. La adaptación, añadieron, se plantea como un sueño para los personajes que puede llegar a hacerse realidad y que permite compartir la experiencia desde códigos distintos, pero en igualdad de condiciones.

Respecto a las barreras encontradas durante el proceso creativo, indicaron que una de las principales fue trabajar dentro de estructuras teatrales “pensadas mayoritariamente desde una mirada oyente”, lo que incide en los ensayos, en la relación con la técnica y en los tiempos de creación. Frente a ello, explicaron que optaron por convertir esa limitación en una oportunidad, priorizando lo visual, el ritmo corporal y la precisión escénica como motores de innovación artística.

Las intérpretes se reconocen especialmente en “el conflicto entre el deseo individual y las normas impuestas” y en la sensación de ocupar un espacio que no siempre ha sido pensado para ellas y, aun así, decidir transformarlo, una tensión que, según apuntaron, atraviesa tanto el texto original de Lorca como su propia experiencia como mujeres sordas en el ámbito teatral.

Sobre el trabajo conjunto, destacaron que fue un proceso cercano y basado en la confianza, favorecido por compartir lengua, experiencia y una forma similar de entender la escena. Esa relación, indicaron, se refleja directamente sobre el escenario y constituye una parte esencial del espectáculo.

En cuanto al mayor reto del proyecto, coincidieron en que ha sido sostener la complejidad artística sin simplificar ni la lengua de signos ni las técnicas escénicas utilizadas, con el objetivo de que la obra funcione como una propuesta teatral completa y no como una experiencia explicativa o pedagógica. Asimismo, subrayaron la importancia de que lo sonoro dialogue en paralelo con lo visual, sin imponerse ni subordinarse.

Las actrices expresaron además su deseo de que el público conecte emocionalmente con la historia y experimente el teatro desde otros códigos, no desde una comprensión intelectual inmediata, sino desde una vivencia sensorial que deje huella y genere reflexión. En este sentido, afirmaron que la obra pretende mostrar que la comunidad sorda es diversa, creativa y con una identidad cultural propia, y que la lengua de signos tiene un amplio potencial artístico.

Para Vallejo y López, estar sobre el escenario con ‘Grito, boda y sangre’ supone visibilidad, responsabilidad y afirmación profesional, así como la oportunidad de poner en valor el trabajo de un equipo en el que participan mujeres sordas cualificadas y la confianza depositada en el proyecto desde la dirección artística.

(SERVIMEDIA)
17 Ene 2026
JNV/fcm/mag