Discapacidad

Bego Prados reivindica una mirada más humana del autismo y denuncia un sistema que desprotege a las familias

MADRID
SERVIMEDIA

La maestra y autora del libro ‘No pasa nada’, Bego Prados, reivindica “una mirada más humana” del autismo y denuncia un sistema que “desprotege” a las familias ya que el mayor obstáculo no es el diagnóstico sino la “falta de apoyo real por parte de las estructuras sociales”.

En una entrevista concedida a Servimedia con motivo del Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, que se celebrará mañana, Prados alzó la voz no solo como escritora, sino como madre. Su experiencia personal, atravesada por el diagnóstico de autismo de su hija, se convierte en el “eje de un relato” que va mucho más allá de lo íntimo para señalar una realidad incómoda: “La sociedad sigue sin estar preparada para acompañar a quienes se salen de la norma”.

Lejos de idealizar la maternidad, Prados planteó una visión compleja y honesta. Habló de “tres maternidades”, una por cada hijo, pero reconoció que la vivida con su hija autista ha sido “especialmente transformadora”. No solo por las necesidades específicas que implica, sino porque “obliga a enfrentarse a un sistema que, en lugar de sostener, muchas veces abandona”.

La autora insistió en que cualquier familia puede verse en esta situación. La vulnerabilidad, recordó, forma parte de la vida, aunque “socialmente se tienda a ignorarla”. En este contexto, la maternidad, ya de por sí exigente, se vuelve “aún más difícil cuando se suma un diagnóstico y una red de apoyo insuficiente”.

COMPRENDER Y DENUNCIAR

‘No pasa nada’ nace como un gesto íntimo, casi terapéutico, pero pronto se transforma en una obra con vocación pública. Prados decidió publicar porque sentía que su historia podría aportar algo distinto: una mirada que combine emoción, conocimiento y crítica social.

El libro rompe con los formatos tradicionales al mezclar testimonio y ensayo. Por un lado, invita al lector a sumergirse en la experiencia emocional de una familia; por otro, aporta datos y reflexión para contextualizar esa vivencia. Esta estructura híbrida permite entender que lo personal no es una excepción sino “parte de una realidad colectiva”.

Uno de los ejes centrales del discurso de Prados es la crítica a la noción de “normalidad”. A pesar de vivir en sociedades que presumen de diversidad, “seguimos operando con modelos muy estrechos sobre cómo debe ser una vida ‘correcta’”, señaló.

En el caso del autismo, esto se traduce en estereotipos que simplifican una realidad compleja. La autora recordó que el espectro autista incluye “perfiles muy diversos”, desde personas con gran autonomía hasta otras con altas necesidades de apoyo. Sin embargo, la sociedad “sigue sin comprender esa diversidad”. Para Prados, el reto no es “normalizar” a las personas sino ampliar la idea que se tiene de lo que es “normal”.

La autora puso también el foco en las desigualdades estructurales. El acceso al diagnóstico, a terapias o a una educación inclusiva “no está garantizado para todos”. Factores como la renta o el lugar de residencia siguen siendo determinantes.

Esta realidad genera una brecha profunda entre familias, que no solo tienen que afrontar el impacto emocional del diagnóstico sino también una carrera de obstáculos burocráticos y económicos. En muchos casos, esto deriva en “renuncias laborales, especialmente por parte de las madres”.

CAMBIOS REALES

Aunque reconoció avances en visibilidad, Prados advirtió de una desconexión entre el discurso institucional y la realidad cotidiana. Las campañas simbólicas, como las que se desarrollan cada 2 de abril, son importantes pero “insuficientes si no van acompañadas de políticas efectivas”.

La autora reclamó “medidas concretas” que garanticen derechos reales: acceso a diagnóstico, apoyo terapéutico, inclusión educativa y acompañamiento a las familias. Sin estos elementos, insistió, “la inclusión se queda en una declaración de intenciones”.

En su recorrido, Prados destacó la importancia de figuras como Temple Grandin, que han contribuido a cambiar la percepción social del autismo. Sin embargo, también subrayó que el aprendizaje más profundo ha venido de su propia experiencia y de las personas que ha conocido en el camino.

Gracias a su hija, explicó, ha ampliado su visión del mundo y ha cuestionado muchos prejuicios. Una transformación que consideró “valiosa, aunque haya llegado acompañada de dificultades”.

La autora no ocultó los momentos más duros: “La sensación de desamparo, las decisiones difíciles y la constatación de que el sistema no siempre responde”. Pero también reivindicó lo positivo: “El crecimiento personal, los vínculos creados” y la capacidad de su hija para “desafiar expectativas”. Esa dualidad entre dificultad y aprendizaje atraviesa todo su relato y le da profundidad.

Prados evitó dar consejos universales, consciente de que cada caso es distinto. Sin embargo, sí lanzó un mensaje claro: “La importancia de encontrar apoyo real”, tanto en el entorno cercano como en asociaciones y comunidades. Frente al aislamiento, propuso construir redes. Frente al miedo, conocimiento. Y frente a la rigidez social, “una mirada más amplia y humana”.

Más que una historia personal, ‘No pasa nada’ es una invitación a “cuestionar nuestras certezas”. A entender que la diversidad no es una excepción sino “la norma”. Y a asumir que construir una sociedad verdaderamente inclusiva requiere algo más que buenas intenciones: “Exige cambios profundos en la manera en que pensamos, organizamos y cuidamos”.

(SERVIMEDIA)
01 Abr 2026
RIM/clc/gja