Entrevista

David Cicuéndez, primer ciego del mundo que se certifica como instructor de 'firewalking' y dinámicas de alto impacto

- Afirma que incorporar a las organizaciones personas con discapacidad aporta valor añadido, tiene una componente social muy potente y cambia la cultura empresarial

Madrid
SERVIMEDIA

El 'coach' experto en capacidades y comunicador David Cicuéndez marcó un hito internacional en el ámbito del desarrollo personal y la inclusión al convertirse en el primer ciego del mundo en certificarse oficialmente como instructor de 'firewalking' y dinámicas de alto impacto. La acreditación, obtenida tras superar una exigente formación intensiva, "no solo rompe barreras en un tipo de entrenamiento tradicionalmente vinculado al límite físico y mental, sino que lanza un mensaje contundente sobre la gestión del miedo, la confianza y la normalización de la discapacidad", según informó Innerfire, la escuela que le certificó.

"Esto no va de fuego ni de hielo. Va de atravesar lo que crees imposible; porque el disfrute de la vida, de verdad, está al otro lado del miedo". Con esta convicción concluyó David Cicuéndez la entrevista con Servimedia, en la que relató una experiencia personal y grupal que ya es historia en el ámbito del desarrollo personal y la inclusión. La certificación fue obtenida tras completar con éxito una formación intensiva de cinco días, desarrollada recientemente en la Sierra de Madrid y dirigida por la instructora máster de 'firewalking' y dinámicas de alto impacto, quien dirige la escuela Innerfire, Ainhoa de Paz.

Para Cicuéndez, este hito no debería leerse desde la épica individual, sino como un cambio de mirada colectiva: "La discapacidad no debe abordarse desde la pena ni desde el ‘pobrecito’. Se aborda con normalidad y naturalidad". "Lo que no podemos hacer lo escribimos en un folio. Lo que sí podemos hacer, en una enciclopedia. Y a veces nos quedamos cortos", añadió. Esta certificación le permite ahora ayudar a personas con y sin discapacidad que conviven con miedos, bloqueos emocionales o creencias limitantes. "He descubierto que muchas cosas que yo llamaba pereza o procrastinación eran miedo. Cuando atraviesas eso, se te abre otra forma de vivir", aseguró.

"Estas dinámicas te enseñan que el miedo no desaparece, pero se gestiona. Y cuando lo gestionas, tu vida cambia, porque empiezas a hacer cosas que antes evitabas", explicó este comunicador, para quien "este aprendizaje es extrapolable a cualquier persona, tenga o no discapacidad". También reflexionó sobre la inclusión laboral y el papel de las empresas. "A un empresario le diría que contrate a la persona si cumple el perfil, independientemente de que tenga discapacidad o no", pues, en su opinión, la clave no está en la compasión, sino en la profesionalidad: "No hay que contratar a alguien por tener discapacidad, sino porque cumple lo que se necesita para el puesto. Igual que con la edad, el género o el origen". Aun así, consideró que incorporar perfiles con discapacidad aporta un valor añadido: "Tiene una componente social muy potente. Transmite a la plantilla que esa persona va a hacer el trabajo igual que cualquier otra. Y eso cambia la cultura de la empresa".

Según Cicuéndez, aún persisten prejuicios muy arraigados: "A mí me han preguntado en entrevistas de trabajo si viajo solo, si sé usar un ordenador, si puedo manejar determinadas herramientas. Eso demuestra que fuera del mundo de la discapacidad no se confía en ella". "Una persona de cincuenta y pico o 60 años con discapacidad que cumple el perfil valora muchísimo el puesto de trabajo. Aporta experiencia, estabilidad y compromiso. Pero muy pocos empresarios están dispuestos a verlo".

EL LÍMITE ESTÁ EN LAS CREENCIAS

La profesora Ainhoa de Paz, quien convenció no sin esfuerzo a Cicuéndez de que participara en el curso, explicó que esta "no es una experiencia simbólica ni meramente inspiracional". "Se trata de un entrenamiento exigente que combina dinámicas físicas extremas con un profundo trabajo mental y emocional. Durante el curso, los participantes se enfrentaron a pruebas como caminar descalzos sobre brasas ardientes, atravesar un pasillo de cristales, doblar una barra de acero con la garganta, partir una flecha apoyada en la garganta, romper bloques de hormigón o sumergirse en una bañera al aire libre con agua a 4 grados llena de hielo", relató . "Son dinámicas diseñadas para que la persona observe cómo reacciona ante el miedo, el cansancio, el estrés o la frustración. No se trata de controlar, sino de gestionar. De entender que el límite no está en el cuerpo, sino en las creencias", añadió.

De Paz, quien colabora con Cicuéndez en el programa radiofónico 'Momentos Blancos' de Informar Radio, destacó que el propio diseño del curso incorporó "situaciones de agotamiento deliberado". Jornadas muy largas, comidas tardías y una sucesión constante de retos formaron parte del entrenamiento. "Todo está pensado para que aflore la gestión emocional. Cuando aparecen el hambre, el cansancio o la sed, aparecen también la rabia, el enfado o la angustia. Y ahí está el verdadero aprendizaje", señaló.

GESTIÓNAR EMOCIONES Y VENCER EL MIEDO

David Cicuéndez reconoció que lo más duro fue la acumulación de esfuerzo: "Lo que más me costó fue la gestión del cansancio. Empezábamos muy temprano y acabábamos muy tarde. Las dinámicas eran duras y las comidas eran tarde, mal y nunca. Pero eso no era mala organización, era parte del curso". "Ese desgaste tenía una finalidad clara: ver cómo reaccionábamos emocionalmente ante determinadas situaciones. Ahí es donde sale el enfado, el cabreo, la rabia. Y te das cuenta de que todo eso también es gestionable", añadió.

Cicuéndez completó todas las dinámicas del programa, algo que no lograron todos los participantes. "Yo las hice todas. Hubo gente que no pudo hacer alguna, que lo intentó y no pudo. Pero todas te enfrentan a tus miedos", afirmó. Una de las pruebas más exigentes fue la inmersión en agua helada. El reto consistió en permanecer entre 3 y 5 minutos completamente sumergido hasta el cuello. "Yo no soporto el agua fría. Sabía que me iba a costar muchísimo, pero también sabía que me iba a quedar peor si no lo intentaba. Así que me metí. Aguanté 25 segundos, no pude más, pero la clave no era el tiempo, era vencer el miedo a entrar", explicó.

Cicuéndez fue rotundo cuando se le preguntó si su condición de ciego supuso una dificultad añadida: "El miedo funciona exactamente igual en todas las personas. Es una alerta del cerebro que quiere protegerte. A mí me da miedo enfrentarme a unas cosas y a los demás a otras, pero el mecanismo es el mismo". Reconoció que enfrentarse a dinámicas como caminar sobre brasas o cristales sin ver "añadió una componente particular", pero insistió en los beneficios: "Sustituyes el no ver por la valentía y la confianza. El cerebro te dice ‘¿dónde vas?’, pero ahí es donde tú decides".

Durante esta formación intensiva en la Sierra de Madrid, estuvo acompañado en todo momento por su perro guía, Pilcu, un labrador negro que se convirtió también en parte del proceso educativo del grupo. "El perro anduvo de mano en mano con los instructores mientras yo hacía las dinámicas", explicó Cicuéndez, cuya participación en este curso tuvo impacto directo en el resto de participantes. "Soy consciente de que lo que hago inspira. Muchas veces, después de hacer yo una dinámica, venían compañeros a abrazarme llorando. Pensaban: Si él lo ha hecho, yo no me voy a echar atrás", relató.

El propio Cicuéndez explicó el carácter inédito de este logro: "Es a nivel mundial. La propia escuela que me certificó lo había comentado en un reciente congreso internacional de 'firewalking' y dinámicas de alto impacto. Ninguna escuela había certificado hasta ahora a un alumno ciego".

Innerfire y David Cicuéndez preparan ya una nueva edición de esta formación, prevista para el próximo mes de marzo en Madrid, en la que Cicuéndez participará ya como instructor y colaborador.

(SERVIMEDIA)
11 Ene 2026
EDU/clc/fcm