Medio ambiente
Descubren una ‘ameba de fuego’ que puede vivir a 63 grados en aguas termales
- Según un estudio
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Un equipo científico ha descubierto una nueva especie de ‘ameba de fuego’ que puede alimentarse y reproducirse en aguas termales a hasta 63 grados en el Parque Nacional Volcánico Lassen, en California (Estados Unidos).
Ese diminuto organismo unicelular puede sobrevivir a temperaturas que matarían a cualquier otra forma de vida compleja conocida, según se explica en un estudio publicado este martes en la revista ‘Cell’.
Además, la ameba puede protegerse a temperaturas de hasta 70 grados cambiando de forma y formando una capa protectora externa.
“Este hallazgo amplía los límites de lo que creíamos posible, lo cual es increíblemente emocionante”, según Angela Oliverio, de la Universidad de Siracusa (Estados Unidos), quien añade: “Podría haber más eucariotas capaces de sobrevivir a temperaturas aún más elevadas de las que conocemos”.
El récord del organismo que crece a mayor temperatura pertenece a ‘Methanopyrus kandleri‘, una arquea y microorganismo relativamente simple que vive a 122 °C alrededor de las chimeneas hidrotermales en las profundidades oceánicas.
Durante décadas, los investigadores han considerado 60 °C como el límite superior para los eucariotas, que son organismos con células complejas, como animales, plantas, hongos y algunos microbios. Solo un puñado de eucariotas pueden crecer a temperaturas cercanas a ese límite.
ESTUDIAR A FONDO
Estudios previos han encontrado rastros de amebas -microorganismos unicelulares que pueden cambiar de forma- cerca de manantiales geotérmicos, donde la temperatura del agua puede superar los 60 °C. Sin embargo, los científicos no habían estudiado a fondo estas especies para verificar si podían soportar el calor extremo. Por ello, Oliverio y su equipo se propusieron investigarlo.
Entre 2023 y 2025, los investigadores recolectaron organismos de arroyos geotérmicos en el Parque Nacional Volcánico Lassen, en la Cordillera de las Cascadas de California, donde las temperaturas del agua en los sitios de muestreo oscilaron entre 47 y 64 grados.
Entre todas las muestras recogidas destacó una ameba hasta entonces desconocida. Ese organismo creció vigorosamente a 57 °C en el laboratorio, la temperatura más alta conocida hasta el momento para el crecimiento de amebas.
El equipo continuó aumentando la temperatura. A 63 grados, observaron que la ameba experimentaba mitosis, un proceso mediante el cual las células eucariotas se dividen. Esto confirmó que no solo podía sobrevivir, sino también prosperar a temperaturas superiores al límite previamente reconocido para los eucariotas.
Los investigadores bautizaron a la nueva especie como ‘Incendiamoeba cascadensis’, que se traduce como ‘ameba de fuego de las Cascadas’. Descubrieron que puede protegerse cambiando de forma y formando una capa protectora externa cuando las temperaturas superan los 63 °C. Cuando las amebas se expusieron a 70 °C, lograron recuperarse al regresar a temperaturas más frías.
GENOMA
Mediante la secuenciación del genoma de la ameba, los investigadores descubrieron que posee genes adicionales asociados con el mantenimiento de proteínas y la reparación del ADN, lo que podría ayudar al organismo a soportar el calor extremo en comparación con otras amebas que viven en entornos más templados.
El equipo también descubrió que las proteínas de la ameba de fuego tienen más aminoácidos con carga positiva en su superficie, una característica que también se observa en algunas de las bacterias y arqueas más resistentes al calor (un tipo de microorganismo unicelular). Estas moléculas podrían ayudar a mantener la estabilidad de las proteínas y evitar que se desdoblen o se agrupen bajo calor extremo.
“Aunque estos organismos son tan diferentes, existe una convergencia en la forma en que se seleccionan las propiedades de las proteínas para lograr estabilidad a altas temperaturas”, según H. Beryl Rappaport, doctoranda en la Universidad de Siracusa.
A pesar de que la ameba de fuego solo batió el récord anterior para eucariotas por unos pocos grados, Oliverio señala que el hallazgo podría inspirar futuras investigaciones para poner a prueba la tolerancia ambiental de los organismos sin límites preconcebidos.
“Cada vez que establecemos un nuevo récord mundial en el deporte, es asombroso y se celebra, aunque sea por milisegundos. Deberíamos hacer lo mismo con las amebas. Estos cambios tan pequeños amplían nuestra comprensión de lo que creemos posible”, concluye.
(SERVIMEDIA)
22 Sep 2026
MGR/clc


