Salud
El estrés crónico daña el corazón y aumenta el riesgo de infarto e ictus
- Un estudio con casi 480.000 adultos concluyó que la inflamación persistente puede provocar cambios silenciosos en la estructura cardíaca años antes de que aparezcan síntomas de lesión
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El estrés crónico no solo afecta al bienestar emocional, sino que también puede dejar una huella física duradera en el corazón. Una investigación realizada sobre cerca de medio millón de adultos británicos descubrió que la inflamación persistente asociada a factores cotidianos como la situación económica, la salud mental o los hábitos de vida está vinculada a cambios estructurales ocultos en el corazón que incrementan el riesgo de infarto e ictus.
Un equipo de investigadores del Medical Research Council (MRC) Laboratory of Medical Sciences y del Imperial College London (Reino Unido) ha identificado un posible mecanismo biológico por el que el estrés crónico y las circunstancias adversas de la vida cotidiana pueden aumentar el riesgo cardiovascular: una inflamación persistente de bajo grado que desencadena cambios progresivos en la estructura del corazón.
El trabajo, publicado este viernes en la revista científica 'European Journal of Preventive Cardiology', es considerado por sus autores "el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre la relación entre inflamación crónica, factores sociales y salud cardiovascular". Para ello analizaron datos de casi 480.000 participantes del proyecto UK Biobank, combinando marcadores sanguíneos, pruebas de imagen cardíaca e información genética.
Los investigadores utilizaron como indicador de inflamación un biomarcador sanguíneo denominado GlycA (acetilos de glicoproteínas), que refleja la activación persistente del sistema inmunitario. El análisis mostró que las personas con los niveles más elevados de inflamación presentaban un riesgo un 43% superior de sufrir infarto o ictus en comparación con aquellas con los niveles más bajos.
Además, los participantes con mayor inflamación mostraban signos de remodelado cardíaco asociados al desarrollo futuro de insuficiencia cardíaca. Entre ellos figuraban el engrosamiento de las paredes del corazón, la reducción del tamaño de algunas cavidades cardíacas y un peor llenado del órgano durante el ciclo cardíaco. Según los autores, se trata de alteraciones que pueden permanecer ocultas durante años antes de manifestarse clínicamente.
El estudio también encontró una estrecha relación entre los niveles elevados de inflamación y factores como la desventaja socioeconómica, el malestar psicológico, el tabaquismo y el exceso de grasa corporal. Los resultados sugieren que la inflamación podría actuar como un puente biológico entre las condiciones de vida, la salud mental y el aumento del riesgo cardiovascular.
UN PROCESO SILENCIOSO
El investigador principal, Declan O'Regan, titular de la cátedra de Inteligencia Artificial Cardiovascular de la British Heart Foundation en el Imperial College London y responsable del grupo de Imagen Cardíaca Computacional del MRC Laboratory of Medical Sciences, señaló que millones de personas podrían convivir con una inflamación silenciosa que está modificando progresivamente la estructura de su corazón y aumentando el riesgo de eventos cardiovasculares graves.
Otro hallazgo destacado es la identificación de proteínas inflamatorias pertenecientes a las familias interleucina-1 (IL-1) y TNF, que podrían desempeñar un papel clave en este daño cardíaco. Algunas de estas proteínas ya son objetivo de tratamientos en
Los autores apuntaron asimismo que la combinación de análisis sanguíneos de inflamación con puntuaciones de riesgo genético podría ayudar en el futuro a identificar a las personas que más se beneficiarían de intervenciones tempranas.
Por su parte, el director científico y médico de la British Heart Foundation, Bryan Williams, destacó que el estudio aporta nuevas evidencias sobre cómo factores genéticos, hábitos de vida y circunstancias sociales pueden converger para activar procesos inflamatorios capaces de dañar el corazón de manera silenciosa. Según indicó, los resultados refuerzan la importancia de combatir los factores que favorecen la inflamación y de promover cambios en el estilo de vida para proteger la salud cardiovascular.
ESTRÉS, TENSIÓN ARTERIAL Y EDAD
De otra parte, un estudio multicéntrico publicado recientemente en 'Frontiers in Cardiovascular Medicine' concluyó que "el estrés psicológico se asocia a un aumento significativo de la presión arterial diastólica en pacientes atendidos en consultas de cardiología". La investigación fue liderada por Giuseppe Berton, de la ABC Study Foundation y del Conegliano General Hospital, junto a especialistas de varios centros sanitarios del norte de Italia, entre ellos el Adria General Hospital y la RSA Padre Pio.
El estudio, realizado sobre 675 pacientes evaluados entre 2019 y 2025, observó que este efecto "era aún más acusado" entre quienes padecían enfermedad coronaria, lo que apunta a una "relación directa entre el estrés y el funcionamiento cardiovascular".
Según los investigadores, el estrés psicológico estuvo presente en más de la mitad de los pacientes analizados y mostró una asociación independiente con niveles más elevados de presión arterial diastólica cuando el episodio estresante estaba activo en el momento de la consulta. Además, la relación entre estrés y presión arterial se intensificaba con la edad y resultaba especialmente marcada en personas con cardiopatía coronaria.
Los autores destacaron que el estrés aparece como un factor de riesgo cardiovascular independiente y ampliamente extendido entre los pacientes cardiológicos. Por ello recomendaron que su detección precoz "debería incorporarse de forma habitual a la evaluación clínica", dado su potencial impacto sobre la salud cardiovascular y la evolución de las enfermedades del corazón
(SERVIMEDIA)
18 Sep 2026
EDU/gja


