Salud visual
Un estudio apunta cómo los golpes en la cabeza pueden dejar secuelas visuales duraderas
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Los golpes en la cabeza no solo pueden afectar a la memoria, el equilibrio o la atención, sino que también pueden dejar una huella persistente en la visión. Un estudio publicado este martes describe cómo los traumatismos craneales por impacto y aceleración pueden provocar daño en el nervio óptico, adelgazamiento de la retina y alteraciones visuales duraderas en un modelo animal elegido por acercarse mejor a la fisiología visual humana.
El trabajo se centró en la llamada lesión cerebral traumática, una de las causas más relevantes de discapacidad neurológica tras accidentes, caídas, agresiones, lesiones deportivas o impactos vinculados al ámbito militar. Aunque buena parte de la atención médica y social se concentra en las secuelas cognitivas o motoras, los autores recordaron que estos traumatismos también pueden afectar al sistema visual y contribuir a problemas de visión que deterioran la autonomía y la calidad de vida.
La investigación, publicada este martes en 'Communications Biology', no se realizó en pacientes, sino en la ardilla terrestre de 13 franjas, un modelo animal que los autores consideran especialmente útil para estudiar la visión tras un traumatismo craneal. A diferencia de ratones y ratas, que son nocturnos y tienen retinas dominadas por bastones, esta especie es diurna y posee "una retina con predominio de conos, alta densidad de células ganglionares y rasgos anatómicos compartidos con primates y humanos".
Tras aplicar un modelo de impactos repetidos en la cabeza, el equipo observó "alteraciones persistentes en la función visual, adelgazamiento de la retina, reducción de la función de las células ganglionares retinianas y pérdida de estas células en determinadas zonas". También detectó cambios tardíos en la glía del nervio óptico, lo que apunta a "un daño progresivo o mantenido en la vía que conecta el ojo con el cerebro".
PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA
El trabajo está firmado por un equipo internacional y cuenta con una participación española destacada a través de Francisco M. Nadal-Nicolás, que figura como primer autor compartido. Nadal-Nicolás está vinculado al National Eye Institute de los NIH (EEUU), y también al Departamento de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y al Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria IMIB-Pascual Parrilla.
La investigación se desarrollo principalmente desde centros estadounidenses, entre ellos el National Eye Institute y el National Institute of Mental Health, además de la Uniformed Services University of the Health Sciences y la Henry M. Jackson Foundation for the Advancement of Military Medicine. También recibió apoyo de la Fundación Séneca, una Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia.
IDENTIFICADORES DE DAÑO VISUAL
La aplicación en humanos de este informe es relevante, aunque todavía preclínica. El estudio no propone un tratamiento ni demuestra directamente qué ocurre en pacientes, pero sí ofrece un modelo más ajustado para investigar por qué algunas personas desarrollan problemas visuales después de un traumatismo craneoencefálico cerrado. Esa línea puede ser importante para mejorar el diagnóstico temprano, identificar biomarcadores de daño visual y diseñar estrategias de seguimiento en personas que han sufrido impactos en la cabeza, según los autores.
Desde el punto de vista de la discapacidad visual, el interés del trabajo está en que desplaza el foco más allá del ojo como órgano aislado. La visión depende de una red que incluye retina, nervio óptico y sistema visual central, y un traumatismo craneal "puede alterar esa cadena aunque no exista una lesión ocular evidente en un primer examen". Por eso, los autores plantearon que este modelo "puede ayudar a estudiar mejor la pérdida visual asociada al neurotrauma y sus consecuencias funcionales".
La lectura prudente es la fuerza de este estudio está en ofrecer un modelo animal más parecido al sistema visual humano para estudiar cómo un impacto en la cabeza puede terminar afectando a la visión. Su límite es igual de claro: todavía falta comprobar hasta qué punto estos mecanismos se reproducen en pacientes y si pueden convertirse en nuevas pruebas diagnósticas o tratamientos.
(SERVIMEDIA)
09 Jun 2026
EDU/clc
