Discapacidad
La falta de comprensión del autismo sin discapacidad intelectual agrava el acoso escolar y retrasa la detección
VÍDEO: los clientes de Servimedia disponen de imágenes y sonido de estas declaraciones en el enlace https://servimedia.tv/TotalesAutismoAcosoEscolar
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Las personas con autismo sin discapacidad intelectual lamentan que la falta de comprensión social, la invisibilidad de sus manifestaciones y la ausencia de apoyos específicos estén detrás de "situaciones de acoso escolar, retrasos diagnósticos y dificultades de intervención”.
Así se advirtió en el diálogo ‘Autismo sin discapacidad intelectual: necesidades y desafíos actuales’, organizado por la agencia de noticias Servimedia junto a Autismo España (AE). En este encuentro participaron el comunicador con autismo Dari Goitia; la directora técnica de Autismo España, Ruth Vidriales; Cristina Gómez, miembro de la Junta Directiva de Autismo España; Eva García, integrante de la Junta Directiva de la Confederación Asperger España, y Adriana Patricia Sánchez, una mujer con autismo.
Ruth Vidriales subrayó la importancia del lenguaje y del enfoque conceptual. “Hablar de autismo sin discapacidad intelectual es poner el foco en la persona y en sus necesidades”, afirmó, al recordar que los actuales sistemas de clasificación definen el autismo como “un espectro en el que lo que varía son los apoyos requeridos”, no la existencia de unas características nucleares comunes.
En su opinión, durante años se ha asociado el autismo a perfiles con mayores necesidades de apoyo, lo que ha llevado a pensar erróneamente que quienes no presentan discapacidad intelectual “tienen menos dificultades en la vida cotidiana”. Esta interpretación, dijo, ha generado una de las principales barreras: atribuir las diferencias en comunicación social o flexibilidad conductual a rasgos de personalidad o comportamientos voluntarios.
“Se malinterpreta la forma de comunicarse o de desenvolverse como una cuestión intencionada, cuando en realidad responde a características nucleares del neurodesarrollo”, explicó. Ello reduce la comprensión social, dificulta la sensibilización y retrasa tanto la identificación como la intervención.
Vidriales advirtió de que “las buenas capacidades intelectuales” pueden enmascarar las dificultades, tanto ante profesionales como ante el entorno educativo. Además, muchas personas aprenden estrategias para adaptarse, pero “con un sobrecoste muy importante para su calidad de vida y su bienestar emocional”.
A su juicio, es necesario reforzar la visión de la diversidad y generar sistemas de apoyo desde las primeras etapas, implicando también a los iguales, para que comprender distintas formas de procesar la información y relacionarse sea algo habitual en la sociedad.
NORMATIVA Y RECONOCIMIENTO
Por su parte, Cristina Gómez señaló que la normativa actual “no recoge las necesidades específicas de las personas con autismo sin discapacidad intelectual”. Desde Autismo España, explicó, trabajan en la incidencia política para lograr una regulación que contemple toda la variabilidad del trastorno.
“El reconocimiento de la discapacidad es la puerta de entrada a los derechos”, afirmó, al tiempo que defendió que el autismo debe entenderse como “una discapacidad en sí misma” para evitar que muchas personas queden fuera de apoyos en el ámbito educativo, formativo, laboral y en la vida adulta.
En el ámbito educativo, Eva García puso el foco en el acoso escolar que afecta especialmente a alumnado autista sin discapacidad intelectual. Según explicó, el ‘bullying’ que padecen suele ser “muy sutil” y no siempre implica agresiones directas.
“Es sobre todo exclusión, aislamiento, burlas indirectas”, señaló. En ocasiones, añadió, el propio alumnado no es consciente de que está siendo objeto de burla y es el entorno quien detecta la situación. Al no tratarse de violencia física visible, estas dinámicas tienden a minimizarse o a confundirse con “conflictos habituales entre iguales”.
García advirtió de que estas experiencias afectan profundamente a la autoestima y condicionan la manera de afrontar situaciones futuras. Además, la persona con autismo puede ser “percibida como agresora si reacciona tras un periodo de acumulación de tensión”. “Cuando explotamos, eso es lo único que se ve”, resumió.
INVISIBILIDAD Y DETECCIÓN TARDÍA
La invisibilidad también atraviesa la experiencia de muchas mujeres con autismo. García recordó que durante años han permanecido ocultas, en parte por el enmascaramiento y la adaptación constante al entorno, lo que ha contribuido a diagnósticos tardíos y a la falta de comprensión de sus necesidades.
Esta falta de detección precoz tiene consecuencias en el ámbito escolar, donde la ausencia de identificación impide activar medidas de intervención adecuadas frente al acoso o las dificultades de integración.

En esta línea, Adriana Patricia Sánchez, persona con autismo, incidió en que el alumnado autista necesita profesionales formados que comprendan que la vida escolar va más allá del aula. “Hay patios, comedores, recreos en los que también hay violencia y exclusión”, resaltó. No es necesario que exista acoso directo para que haya daño: la exclusión sistemática, dijo, ya constituye “una forma de violencia con alta prevalencia en el colectivo”.
Sánchez reclamó “formación adecuada” para toda la comunidad educativa. “Si no podemos entender la información, nos va a ser muy difícil participar en ella y en nuestro desarrollo social”, apuntó.
Los participantes coincidieron en que mejorar la sensibilización social, reforzar la detección temprana y garantizar intervenciones ajustadas a las necesidades reales son “pasos clave para prevenir el acoso escolar” y asegurar la inclusión efectiva de las personas con autismo sin discapacidad intelectual.
(SERVIMEDIA)
22 Feb 2026
RIM/mjg/mag
