Agricultura

La mitad de los pequeños agricultores del mundo podrían dar de comer a la humanidad en 2050

- Si se restauran los suelos y la biodiversidad, según un estudio

MADRID
SERVIMEDIA

Solo la mitad de los 475 millones de pequeños agricultores del planeta podría satisfacer todas las necesidades alimentarias adicionales de la humanidad en 2050 si se restauran los suelos y la biodiversidad en un contexto de creciente población mundial, pero son quienes menos apoyo reciben en la agricultura mundial.

Así se recoge en un libro escrito por Hugh Locke, cofundador de la Alianza de Pequeños Agricultores en Haití, quien subraya que existen 475 millones de pequeñas explotaciones agrícolas en el sur global, que suelen operar en menos de dos hectáreas. En conjunto, estos agricultores ya producen cerca de un 30% de los alimentos del mundo, a pesar de tener un acceso muy limitado a financiación, mercados y apoyo técnico y educativo práctico.

Locke afirma que ayudar a tan solo la mitad de los pequeños agricultores del mundo (unos 240 millones de familias agricultoras) a adoptar la agricultura regenerativa y la agroforestería podría proporcionar todos los alimentos adicionales necesarios para el crecimiento demográfico hasta 2050, mejorando la naturaleza en lugar de degradarla. Esas explotaciones agrícolas ocuparían solo un 12% de las tierras cultivables del mundo.

"Con demasiada frecuencia, los pequeños agricultores del mundo son tratados como beneficiarios de la ayuda al desarrollo, cuando deberían ser reconocidos como artífices de la próxima transformación agrícola", indica Locke.

Se prevé que la población mundial aumente en 1.500 millones de personas para 2050 y que este crecimiento se concentre en los países en desarrollo. La propuesta central de Locke es que satisfacer esa demanda adicional de alimentos no tiene por qué implicar una mayor degradación del suelo, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

En cambio, argumenta que la misma inversión necesaria para aumentar la productividad de los pequeños agricultores podría ayudar a convertir la agricultura en una fuerza regenerativa.

AGRICULTURA REGENERATIVA

Por otro lado, el libro aboga por una agricultura regenerativa que busca mejorar los sistemas naturales de los que depende este sector. Se basa en tres corrientes de conocimiento: las tradiciones agrícolas indígenas y ancestrales; décadas de experiencia con la agricultura orgánica, la agroecología, la permacultura y otros enfoques sostenibles; y la ciencia contemporánea, incluidos los avances en biología del suelo, ciencia de los ecosistemas y medición del impacto.

Dependiendo de las condiciones locales, los agricultores regenerativos pueden emplear técnicas como la rotación de cultivos, los cultivos de cobertura, los cultivos intercalados y los sistemas de cultivo diversos, el compostaje y otros métodos para aumentar la materia orgánica del suelo, la labranza reducida, la agrosilvicultura y la integración de la ganadería.

Locke describe esto como la "doble revolución" de la agricultura regenerativa: una metodología agrícola y un marco para determinar si la agricultura está produciendo realmente resultados regenerativos.

Esta distinción es importante porque las prácticas adecuadas para un pequeño agricultor en Haití, India o Kenia pueden ser muy diferentes de las adecuadas para una granja en Canadá o Estados Unidos.

Según Locke, este enfoque representa un cambio al pasar de modificar las prácticas agrícolas para "causar menos daño" a prácticas diseñadas para producir resultados netos positivos.

DIVIDENDO CLIMÁTICO

El libro también examina cómo esa transformación podría afectar al cambio climático. Los suelos sanos y las plantas en crecimiento eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacenan en el suelo y la biomasa. Los sistemas regenerativos también pueden reducir las emisiones asociadas a la fabricación y el transporte de fertilizantes sintéticos.

Según Locke, basándose en investigaciones revisadas por pares, unos 240 millones de pequeñas explotaciones agrícolas que hagan la transición a la agricultura regenerativa en una superficie estimada de 480 millones de hectáreas podrían llegar a eliminar anualmente hasta 0,72 gigatoneladas de CO2 de la atmósfera durante el período en que el carbono del suelo se acumula activamente.

Además, la menor dependencia de los fertilizantes sintéticos podría proporcionar un beneficio climático adicional de aproximadamente 0,1 gigatoneladas de CO2 equivalente al año, lo que eleva el beneficio combinado estimado de 0,6 a 0,85 gigatoneladas por año una vez que se haya adoptado plenamente, lo que equivale a las emisiones anuales de CO2 de la aviación mundial.

«La agricultura regenerativa no es una excusa para seguir emitiendo carbono en otros lugares. Su potencial climático es importante precisamente porque viene acompañado de otros beneficios que necesitamos con urgencia: suelos más sanos, mayor biodiversidad, explotaciones agrícolas más resilientes, mayor producción de alimentos y comunidades rurales más fuertes”, afirma Locke.

Locke denomina a esta oportunidad una "Gran Transformación Regenerativa", comparable en ambición a la Revolución Verde que aumentó drásticamente la producción agrícola durante la segunda mitad del siglo XX.

Pero existe una diferencia fundamental. Mientras que la Revolución Verde dependió en gran medida de la mejora de las variedades de cultivos, el riego, los fertilizantes sintéticos, los pesticidas y la creciente estandarización, Locke prevé una transformación que combine el conocimiento agrícola tradicional con la ciencia ecológica, las prácticas adaptadas localmente y los sistemas modernos para medir los resultados.

El objetivo no es producir más alimentos por hectárea. El éxito se mediría, en cambio, por lo que la agricultura produce y lo que deja a su paso: suelos más sanos, ecosistemas restaurados, mayor biodiversidad, sistemas hídricos mejorados, resiliencia climática y comunidades agrícolas viables.

(SERVIMEDIA)
18 Sep 2026
MGR/gja