Salud mental
La neuroimagen funcional podría mejorar el diagnóstico y tratamiento de la depresión
- Un equipo del Instituto de Investigación Sant Pau propone avanzar hacia una psiquiatría de precisión basada en biomarcadores cerebrales y síntomas específicos
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La depresión podría abordarse en el futuro mediante diagnósticos más precisos y tratamientos personalizados basados en biomarcadores cerebrales, según un estudio recién publicado en la revista 'Translational Psychiatry', que defiende un cambio de enfoque en la forma de identificar y tratar este trastorno mental mediante el análisis de la conectividad funcional del cerebro.
La investigación fue desarrollada por un equipo del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), de Barcelona, integrado por los investigadores Daniel Porta-Casteràs, Víctor de la Peña-Arteaga, Romina Miranda-Olivos; además de Javier de Diego-Adeliño, Marta Cano y Narcís Cardoner, estos tres últimos también vinculados al Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental del Instituto de Salud Carlos III. El trabajo contó también con el respaldo del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Los autores sostienen en sus conclusiones que la psiquiatría "debe avanzar hacia modelos más precisos que complementen los diagnósticos tradicionales con información neurobiológica obtenida mediante técnicas avanzadas de neuroimagen". El artículo revisa la evidencia científica disponible sobre la conectividad funcional cerebral en reposo y su relación con algunas de las principales dimensiones clínicas de la depresión. Entre ellas figuran la anhedonia o incapacidad para experimentar placer, la rumiación de pensamientos negativos, el insomnio y la conducta suicida, síntomas "que pueden presentarse de forma muy diferente entre pacientes diagnosticados con el mismo trastorno", según el estudio.
El trastorno depresivo mayor (TDM) se diagnostica tradicionalmente mediante sistemas basados en criterios sintomáticos, que permiten que hasta 227 combinaciones distintas de síntomas cumplan los mismos criterios diagnósticos. Estas manifestaciones clínicas están asociadas a patrones diferenciados de conectividad cerebral, lo que refuerza la idea de que "la depresión no constituye una enfermedad homogénea desde el punto de vista del funcionamiento del cerebro". A juicio de este equipo de especialistas, dos personas pueden compartir un mismo diagnóstico y, sin embargo, "presentar mecanismos neurobiológicos distintos", una circunstancia que "ayudaría a explicar por qué la respuesta a los tratamientos es tan variable".
Los autores consideraron que "uno de los principales problemas de los sistemas diagnósticos actuales es que se basan en amplias categorías clínicas sustentadas en la observación de síntomas". Este modelo provoca que pacientes con perfiles muy diferentes reciban la misma clasificación diagnóstica, "dificultando la identificación de los mecanismos cerebrales implicados y el desarrollo de terapias adaptadas a cada caso".
Frente a este planteamiento, el estudio propone adoptar una aproximación denominada "dimensional", que analice de forma específica los síntomas y los circuitos cerebrales asociados a cada uno de ellos. Los investigadores explicaron que este enfoque "podría contribuir a identificar subgrupos más precisos de pacientes, mejorar la capacidad diagnóstica y facilitar la selección de tratamientos personalizados".
La revisión concluye que la neuroimagen funcional en reposo se perfila como "una herramienta prometedora para avanzar hacia una psiquiatría de precisión".
SÍNTOMAS DEPRESIVOS Y DISCAPACIDAD
Aunque la investigación no aborda de forma específica la discapacidad, sus resultados tienen relevancia para una enfermedad con un notable impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen. La depresión puede afectar significativamente al bienestar emocional, las relaciones sociales, el rendimiento académico o laboral y la autonomía personal, generando limitaciones que condicionan la participación en actividades diarias. Y viceversa: numerosos estudios internacionales han demostrado que la discapacidad, física o psíquica, y de diversa índole etiológica, de forma especial la que cursa con dolor crónico o con limitaciones sensoriales o de movilidad, es un factor a menudo desencadenante de episodios de depresión graves. Ello genera limitaciones que condicionan la participación en la vida cotidiana.
Diversos estudios constataron asimismo una relación bidireccional entre discapacidad y depresión, de modo que las limitaciones funcionales derivadas de discapacidades físicas, sensoriales o psíquicas pueden incrementar el riesgo de desarrollar síntomas depresivos, mientras que la propia depresión puede agravar el deterioro funcional y la pérdida de autonomía.
Esta relación ha sido documentada por numerosos organismos y estudios científicos: la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que la depresión puede afectar a todos los ámbitos de la vida, incluidas las relaciones personales, el desempeño educativo y laboral y la participación en la comunidad, convirtiéndose en una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo. Asimismo, la evidencia científica apunta a que la interacción entre depresión y limitaciones funcionales es recíproca.
Una investigación publicada en 'BMC Geriatrics' concluyó que los síntomas depresivos y la discapacidad funcional "se influyen mutuamente a lo largo del tiempo, generando un círculo de retroalimentación en el que el deterioro de la movilidad y la autonomía favorece la aparición de depresión", mientras que esta última contribuye a acelerar la pérdida de funcionalidad. En la misma línea, un estudio publicado en 'JAMA Psychiatry' identificó una relación bidireccional entre la depresión y numerosas enfermedades físicas que requieren hospitalización, reforzando la idea de que "la salud mental y las limitaciones derivadas de diferentes afecciones físicas se encuentran estrechamente conectadas y pueden agravarse mutuamente".

En este contexto, los investigadores del IR Sant Pau consideraron que una mejor comprensión de los mecanismos cerebrales asociados a síntomas concretos podría traducirse en tratamientos más eficaces y adaptados a las necesidades individuales de cada paciente. A largo plazo, esta estrategia "permitiría reducir la carga personal, familiar y social asociada a uno de los trastornos mentales más frecuentes y con mayor repercusión sobre la calidad de vida".
Para este equipo de Neuropsiquiatría, el futuro del abordaje de la depresión pasa por "integrar la evaluación clínica tradicional con herramientas biológicas capaces de ofrecer una imagen más precisa de lo que sucede en el cerebro". Los autores defendieron un cambio de paradigma hacia modelos dimensionales basados en el funcionamiento cerebral, en línea con los principios de los Criterios de Dominio de Investigación (RDoC) promovidos por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, con el objetivo de avanzar hacia intervenciones más personalizadas y precisas.
(SERVIMEDIA)
01 Oct 2026
EDU/gja
