Deporte
Nicolás Adega: “El piragüismo me cambió la vida tras el cáncer y me devolvió la sensación de ser igual a los demás”
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El piragüista paralímpico Nicolás Adega asegura que el piragüismo le “cambió la vida tras el cáncer" y le "devolvió la sensación de ser igual a los demás”, después de una infancia marcada por la enfermedad, múltiples intervenciones quirúrgicas y un largo proceso de reconstrucción física y personal.
En una entrevista concedida a Servimedia, Adega repasó una trayectoria vital que comenzó con una infancia activa, definida por una energía constante y una fuerte vinculación al deporte. “Era un niño que no paraba quieto”, recordó, hasta que un episodio aparentemente cotidiano, una cojera detectada durante un entrenamiento de fútbol, derivó en un diagnóstico que alteró por completo su vida: un cáncer óseo en la rodilla con tan solo siete años.
El proceso médico que siguió fue largo y complejo. Tras las primeras consultas y pruebas, incluida una resonancia urgente, los especialistas confirmaron la presencia del tumor. “Fueron días muy duros, sobre todo para mis padres”, explicó, al recordar la incertidumbre previa al diagnóstico y el impacto emocional en su entorno familiar. A su edad, reconoció que no era plenamente consciente de la gravedad, pero sí percibía el sufrimiento de quienes le rodeaban.
El tratamiento incluyó hasta 20 ciclos de quimioterapia, además de una cirugía de resección tumoral en la que se le extirpó la rodilla y parte del fémur, que fueron sustituidos por una prótesis interna. A partir de ese momento, su vida quedó marcada por las secuelas físicas y la necesidad de someterse a intervenciones periódicas para adaptar la prótesis a su crecimiento.
Durante años, Adega pasó por quirófano cada ocho o diez meses, en un proceso continuo de alargamiento y ajuste de la pierna afectada. “Tenía que empezar de cero cada vez”, señaló, en referencia a las fases de rehabilitación posteriores a cada operación, caracterizadas por el dolor y la exigencia física.
Además, sufrió diversas complicaciones a lo largo del tiempo, como el desgaste de la prótesis, la rotura del fémur y la necesidad de implantar una prótesis completa, así como una intervención de cadera tras el deterioro del cartílago. Estas circunstancias le obligaron a permanecer largos periodos sin actividad, afectando tanto a su movilidad como a su calidad de vida.
En este contexto, el impacto emocional fue especialmente significativo. Adega pasó de ser un niño activo a enfrentarse a importantes limitaciones. “No podía correr, ni saltar, ni jugar como los demás”, explicó, lo que le llevó a una búsqueda constante de alternativas deportivas que se adaptaran a su situación.
Durante cinco años, exploró diferentes opciones, muchas de ellas descartadas por los especialistas por el riesgo que implicaban. Probó la natación y la bicicleta estática, pero no logró encontrar en ellas la motivación ni la sensación de pertenencia que buscaba. “No me sentía competitivo”, afirmó.
El punto de inflexión llegó de manera inesperada, cuando descubrió el piragüismo. “Fue casualidad. Pregunté por él y me dijeron que sí podía hacerlo”, relató. Desde el primer momento, experimentó una sensación que había perdido: la igualdad. “Era el único deporte en el que me sentía igual a los demás”, subrayó.

Sus inicios en esta disciplina no estuvieron exentos de dificultades. Las caídas eran constantes en las primeras etapas de aprendizaje, pero su carácter competitivo le impulsó a continuar. “Me caía todo el rato, pero me enganchó”, recordó.
Con el tiempo, descubrió el paracanoe, la modalidad adaptada del piragüismo, y comenzó a competir. Su progresión fue rápida, logrando títulos autonómicos y nacionales que le permitieron acceder al Centro de Alto Rendimiento Gallego. Sin embargo, este avance coincidió con nuevas complicaciones médicas que interrumpieron su trayectoria deportiva.
Entre ellas, destacó la rotura del fémur, que le obligó a someterse a una intervención de gran complejidad en la que se le implantó una prótesis completa. Posteriormente, una lesión en la cadera derivó en una nueva operación, lo que le mantuvo alejado del agua durante meses. “Hubo momentos en los que no sabía si iba a poder volver a remar”, admitió.
Pese a la incertidumbre, logró retomar la actividad deportiva y, con solo 16 años, se clasificó para el Campeonato de Europa absoluto, donde compitió con deportistas de mayor edad y experiencia. “En el deporte adaptado no hay categorías por edad, compites contra todos”, explicó, lo que añade un nivel de exigencia considerable.
Su consolidación deportiva se produjo con la victoria en el Campeonato del Mundo en Győr, Hungría, en septiembre de 2025, en la modalidad de maratón, donde logró imponerse a algunos de los principales referentes internacionales. “Fui sin expectativas y acabé ganando”, resumió.

Actualmente, Adega entrena con el equipo nacional en Sevilla, donde también cursa estudios de Ingeniería Informática, compaginando la exigencia académica con la preparación deportiva de alto nivel. Su objetivo a medio plazo es “participar en unos Juegos Paralímpicos”, con la mirada puesta en la cita de Los Ángeles.
En este camino, destacó el papel de las instituciones que apoyan el deporte adaptado, entre ellas el Comité Paralímpico Español (CPE), al que consideró “fundamental para facilitar que deportistas con discapacidad puedan competir en condiciones adecuadas”.
Más allá de la competición, Adega ha iniciado una nueva etapa centrada en la divulgación de su experiencia. A través de charlas en colegios, empresas y fundaciones, busca transmitir un mensaje de apoyo y motivación, especialmente dirigido a niños que atraviesan procesos similares. “Contando mi historia puedo ayudar”, afirmó.
En este sentido, subrayó también la importancia de la rehabilitación como parte fundamental del proceso. Reconoció que, en determinados momentos, no le dio la importancia necesaria, lo que ha tenido consecuencias en su movilidad actual. “La fisioterapia es dura, pero es clave”, insistió.
Con una discapacidad reconocida y secuelas físicas permanentes, como la limitación de la movilidad en la rodilla o la diferencia de longitud entre ambas piernas, Adega afronta el presente con una visión constructiva. “El piragüismo me dio un objetivo, una motivación”, señaló.
A su juicio, su historia demuestra que es posible reconstruirse tras una experiencia traumática y encontrar nuevas oportunidades. “Pasé de no tener rumbo a levantarme cada día con un propósito”, concluyó.
Con su testimonio, Nicolás Adega no solo reivindica el valor del deporte como “herramienta de inclusión”, sino también la importancia de visibilizar realidades como el cáncer infantil y sus secuelas, con el objetivo de “ofrecer referentes a quienes atraviesan situaciones similares y contribuir a generar una sociedad más consciente y empática”.
(SERVIMEDIA)
03 Mayo 2026
RIM/mmr
