Demencias
Las personas mayores que viven con optimismo tienen menor riesgo de desarrollar demencia
- Un estudio con más de 9.000 mayores sanos concluye que una actitud positiva reduce en torno a un 15 % la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo a largo plazo
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Las personas mayores que afrontan la vida con optimismo presentan un menor riesgo de desarrollar demencia con el paso de los años, según un estudio publicado en la revista científica 'Journal of the American Geriatrics Society', basado en el seguimiento de más de 9.000 adultos durante más de una década.
La investigación 'The Bright Side of Life: Optimism and Risk of Dementia', liderada por la reputada doctora en Medicina por la Universidad de Turku (Finlandia) Säde Stenlund, y elaborada en la Escuela de Salud Pública de Harvard (EEUU), analizó a 9.071 personas cognitivamente sanas con una edad media de 74 años, a quienes se realizó un seguimiento de hasta 14 años. Los resultados mostraron que "quienes mantenían niveles más altos de optimismo tenían más probabilidades de conservar intactas sus capacidades cognitivas".
En términos concretos, el estudio señala que cada aumento de una desviación estándar en el nivel de optimismo se asocia con una reducción del riesgo de demencia, con un 'hazard rati'o de 0,85 (intervalo de confianza del 95 %: 0,82–0,88), incluso tras tener en cuenta variables como la edad, el sexo, la raza, el nivel educativo, la depresión o la presencia de enfermedades previas.
Los investigadores destacaron que la asociación entre optimismo y menor riesgo de demencia se mantuvo en distintos análisis de sensibilidad, incluyendo modelos que incorporaban hábitos de vida, la exclusión de los dos primeros años de seguimiento para reducir la posible causalidad inversa, o la retirada de participantes con peor salud mental.
Los expertos subrayan en sus conclusiones que el optimismo "no equivale simplemente a la ausencia de depresión, sino que constituye un rasgo psicológico independiente vinculado a expectativas positivas sobre el futuro". También apuntan que podría actuar como "un factor protector psicosocial, asociado a una mejor gestión del estrés, una mayor actividad física y hábitos de vida más saludables". El trabajo apunta posibles efectos biológicos directos, asociando el optimismo con respuestas inmunológicas más saludables y con mayores niveles de antioxidantes en plasma. Estos procesos, vinculados a un mejor estado general del organismo, podrían actuar como un factor de protección frente a la desregulación del sistema inmunitario, un fenómeno que se relaciona con la aparición de demencias, al favorecer la inflamación cerebral y la alteración del funcionamiento del sistema nervioso central.
Otras investigaciones de la doctora Stenlund se centraron en analizar la relación bidireccional entre bienestar psicológico y salud física, con especial atención al papel del optimismo y la felicidad como determinantes de comportamiento. En su tesis doctoral, basada en el seguimiento de más de 10.000 adultos en Finlandia durante nueve años, demostró que las personas con mayores niveles de bienestar subjetivo presentaron mejores hábitos de vida (como una alimentación más saludable o mayor actividad física) y tienen "más probabilidades de mantenerlos en el tiempo".
TEORÍA DE LA SALUTOGÉNESIS
Stenlund plantea que esta relación no es unidireccional, sino circular: mejorar los hábitos incrementa la felicidad, y a su vez, un mayor nivel de felicidad favorece decisiones más saludables. Este enfoque, enmarcado en la teoría de la salutogénesis, desplaza el foco desde la enfermedad hacia los factores que generan salud, como la resiliencia, el entorno social o la estabilidad emocional, proponiendo un modelo preventivo más amplio que el estrictamente clínico.
Sus hallazgos encajan con la evidencia emergente que sitúa el optimismo como un posible factor protector frente al deterioro cognitivo. Además, contribuyen a reforzar la hipótesis de que variables psicológicas positivas pueden influir en el envejecimiento cerebral a través de mecanismos indirectos, como la reducción del estrés crónico.
En el mundo, cerca de 57 millones de personas viven con demencia, una cifra que, junto a la ausencia de tratamientos curativos efectivos, refuerza la necesidad de identificar estrategias de prevención, según el grupo de investigadores de Harvard, quienes explican en su 'paper' que "la evidencia epidemiológica emergente apunta a que factores psicosociales como el optimismo pueden desempeñar un papel relevante en el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo, abriendo nuevas vías de intervención más allá de los enfoques clínicos tradicionales".
Además destacaron que, aunque el optimismo tiene un componente hereditario estimado en torno al 25 %, está ya demostrado que puede modificarse mediante intervenciones específicas. Este aspecto lo convierte en un "potencial objetivo de salud pública en futuras estrategias de prevención de la demencia", si bien advirtieron de que aún son necesarios más estudios con seguimientos prolongados para confirmar la solidez de estas asociaciones y descartar posibles sesgos como la causalidad inversa, que ocurre cuando lo que parece ser causa es en realidad consecuencia del fenómeno que se estudia. Es decir, que determinados mayores sean optimistas porque tienen buena salud o bien no han desarrollado demencias.
LAS DEMENCIAS EN ESPAÑA
Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), las enfermedades del sistema nervioso (entre las que se incluyen las demencias) representan en torno al 6 % del total de defunciones en España, consolidándose como una de las principales causas de mortalidad en edades avanzadas. La demencia y el alzhéimer figuran entre las patologías más relevantes, especialmente en mujeres, con más de 21.700 fallecimientos anuales asociados a estas enfermedades.
En España, entre 830.000 y 950.000 personas viven con algún tipo de demencia, siendo el alzhéimer la forma más frecuente, al concentrar entre el 60 % y el 70% de los casos, según datos de la Fundación Pasqual Maragall. Cada año se diagnostican en torno a 40.000 nuevos casos, en un contexto de elevada prevalencia asociada a la edad, que oscila entre el 4% y el 9 % en mayores de 65 años y alcanza hasta el 40 %-45 % en mayores de 85. Las previsiones apuntan, además, a que el número de personas afectadas podría duplicarse en las próximas décadas debido al progresivo envejecimiento de la población.
ENFERMEDADES DISCAPACITANTES
Se trata, además, de enfermedades altamente discapacitantes, que provocan una pérdida progresiva de la autonomía personal y de las capacidades cognitivas, afectando a la memoria, el lenguaje, la orientación o la toma de decisiones. En fases avanzadas, las personas requieren apoyo constante para las actividades básicas de la vida diaria, lo que genera un elevado impacto no solo en los sistemas sanitarios y sociales, sino también en las familias y cuidadores, que asumen gran parte de la atención a largo plazo.
(SERVIMEDIA)
19 Abr 2026
EDU/pai
