Ola de calor

La pobreza energética, la dependencia y la cronicidad aumentan el riesgo sanitario en las olas de calor

MADRID
SERVIMEDIA

La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) advirtió de que en las olas de calor es fundamental tener en cuenta factores socioeconómicos como la pobreza energética, la dependencia y la cronicidad para poner en marcha políticas públicas que reduzcan el riesgo para la salud que suponen las altas temperaturas entre la población vulnerable.

Según informó este viernes la semFYC, los datos evidencian la magnitud del problema: el informe del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) registró hasta la fecha más de 1.300 muertes atribuibles al exceso de temperaturas desde junio.

Además, el año pasado se produjeron 3.235 muertes por esta causa, 2.808 de ellas (cerca del 87%) en periodo estival. Para la semFYC, estas cifras reflejan cómo los determinantes sociales, más allá de lo sanitario, influyen en la capacidad real de la población para protegerse del calor.

En este sentido, la médica de familia y coordinadora del Grupo de Trabajo de Inequidades en Salud de la semFYC, la doctora Sandra Robles, aseguró que “la susceptibilidad de las personas a las temperaturas extremas no depende en exclusiva de factores individuales, si no que tiene una relación muy estrecha con las condiciones en las que vivimos y trabajamos, es decir, con los determinantes sociales de la salud”.

Por ejemplo, la llamada vulnerabilidad energética condiciona directamente la posibilidad de enfriar las viviendas y sostener hábitos seguros en los días de temperaturas extremas. Según los últimos datos disponibles, un 17% de los hogares presenta un gasto energético desproporcionado en relación con sus ingresos, e incluso algunos estudios lo sitúan en uno de cada tres familias.

AIRE ACONDICIONADO

Esto se traduce en decisiones como reducir el uso de ventilación o aire acondicionado, evitar determinados consumos, limitar desplazamientos, etc. Estas prácticas no solo tienen efectos económicos, sino que también pueden tener efectos negativos en su salud, pues incrementan el riesgo de deshidratación, agotamiento, golpes de calor y descompensaciones de patologías previas, señalaron desde la semFYC.

“La vulnerabilidad energética es una forma más de manifestación de pobreza. Además, las familias con menores ingresos viven en hogares más antiguos e ineficientes y el acceso a equipamientos que mejoren las condiciones de confortabilidad en situaciones de calor extremo es menor”, señaló la experta.

La semFYC indicó que, por un lado, existe un perfil de vulnerabilidad sociosanitario, que afecta a personas en edades extremas (personas mayores y menores de cuatro años), a aquellas que pasan mucho tiempo en casa (dependientes, por ejemplo) y a personas con enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, diabetes, EPOC, insuficiencia renal, demencia u obesidad, entre otras.

Por otro lado, también son más vulnerables al calor las personas que se encuentran en situación de desempleo, con un nivel socioeconómico bajo, migrantes del sur global, y aquellas cuyas viviendas se construyeron con una menor eficiencia energética, generalmente antes de los años 80. También hay una mayor afectación por género, de forma que afecta más a mujeres cuando viven solas o forman parte de familias monomarentales.

SINIESTRALIDAD

Además, añadió la doctora Robles, “el propio calor también favorece el aumento de la siniestralidad laboral y los accidentes de tráfico, el número de ahogamientos (que no deja de subir cada vez más desde meses más tempranos en los últimos años) y las intoxicaciones alimentarias”.

Igualmente, la experta recordó que, desde las consultas de Atención Primaria, se realizan diferentes acciones preventivas, como la identificación de personas con mayor riesgo a la exposición a altas temperaturas, por ejemplo, trabajadores que ejercen su labor en zonas exteriores o personas con afecciones crónicas y/o mayores.

Además, remarcó, “los médicos de Familia modifican tratamientos para ajustarlos a condiciones climáticas adversas; realizan visitas domiciliarias y seguimiento en consulta y en ocasiones activan redes familiares y sociales para intentar prevenir el efecto negativo de la exposición a altas temperaturas”-

Asimismo, existen una serie de herramientas útiles de la práctica diaria, como las infografías de los planes nacionales de prevención durante las olas de calor en las consultas; las alertas meteosalud6 o el índice Kairós, que es un sistema de alertas sobre el riesgo de mortalidad asociado a altas y bajas temperaturas, que se mueve en tres niveles según edad y perfil geográfico y se actualiza diariamente.

(SERVIMEDIA)
17 Jul 2026
ABG/gja