Esquistosomiasis
La reinfección y los factores ambientales dificultan la erradicación de la segunda parasitosis más devastadora tras la malaria
- España corre "riesgo bajo de transmisión", con casos de esquistosomiasis exclusivamente importados y vigilancia sanitaria activa ante posibles cambios ambientales y climáticos
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La persistencia de aguas contaminadas, la falta de saneamiento, la presencia de caracoles transmisores y la exposición cotidiana de millones de personas a ríos y lagos infectados están frenando la eliminación de la esquistosomiasis, la segunda enfermedad parasitaria más devastadora del mundo tras la malaria, según advirtió la investigadora Poppy H. L. Lamberton, de la Universidad de Glasgow.
Esta científica explicó que las campañas de tratamiento masivo han reducido la carga de la enfermedad en numerosos países, pero no han logrado interrumpir de forma sostenida la transmisión del parásito debido a las continuas reinfecciones y a la persistencia de las condiciones ambientales que favorecen su ciclo de vida. La esquistosomiasis afecta a más de 250 millones de personas y causa al menos 14.353 muertes al año en el mundo, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que esta cifra está infravalorada y algunos estudios elevan el impacto a más de 200.000 fallecimientos anuales en África subsahariana. Muchas muertes se producen por complicaciones asociadas (como insuficiencia hepática o renal, cáncer de vejiga o embarazos ectópicos relacionados con la esquistosomiasis genital femenina), añadió la OMS.
La esquistosomiasis (también conocida como bilharziasis) es una parasitosis causada por trematodos del género 'Schistosoma', un grupo de gusanos planos que infectan al ser humano tras el contacto con aguas dulces contaminadas. Se trata de una de las enfermedades tropicales desatendidas más importantes del mundo, según la OMS. Los parásitos liberan sus huevos a través de la orina o las heces de personas infectadas. Cuando estos huevos llegan a ríos, lagos o canales, eclosionan y liberan larvas que infectan a caracoles de agua dulce, los cuales actúan como hospedadores intermedios. Dentro del caracol, el parásito se multiplica y posteriormente libera una nueva forma larvaria capaz de penetrar la piel humana.
En una revisión científica publicada este lunes por Te Wellcome Trust (la segunda fundación más grande el mundo después de Gates Foundation) la especialista Poppy H. L. Lamberton sostiene que los programas de control "continúan enfrentándose a fallos estructurales como el tratamiento insuficiente, las reinfecciones recurrentes, la baja cobertura sanitaria y la persistencia de los hospedadores intermediarios del parásito", mientras que "el cambio climático emerge además como un factor que puede agravar la expansión de la enfermedad" al alterar la distribución de los caracoles y las condiciones ambientales favorables para la transmisión.
El fracaso en la eliminación de la esquistosomiasis se observa de forma recurrente en países de alta transmisión de África subsahariana como Uganda, Tanzania, Kenya, Camerún, Nigeria y Ghana, donde las campañas de tratamiento masivo han reducido la enfermedad pero no han conseguido interrumpir el ciclo de reinfección, según la línea de investigación de la doctora Lamberton.
Esta científica codirige el proyecto Drivers, que ha constatado que el problema no reside en la eficacia del fármaco, sino en los citados mecanismos que hacen fracasar su impacto a nivel poblacional. El objetivo del proyecto es precisamente “desentrañar el misterio” de por qué la administración masiva de medicamentos no está funcionando como se esperaba.
CASOS IMPORTADOS A ESPAÑA
En España, la esquistosomiasis no es una enfermedad endémica y los casos detectados corresponden casi exclusivamente a infecciones importadas, es decir, personas que han contraído el parásito durante viajes o estancias en países donde la enfermedad es frecuente, principalmente en África subsahariana. Según el Instituto de Salud Carlos III (IscIII), la presencia de la enfermedad en España se ha incrementado en las últimas décadas de forma indirecta, vinculada al aumento de la movilidad internacional, pero sin transmisión local sostenida.
El IscIII sitúó sin embargo el riesgo de esquistosomiasis urogenital en España como “bajo”, aunque no nulo, debido a la ausencia de transmisión local, las condiciones climáticas poco favorables, la baja exposición a aguas contaminadas y la capacidad del sistema sanitario para detectar y controlar casos. No obstante, los investigadores recomiendan mantener la vigilancia por la "presencia puntual de caracoles potencialmente transmisores", el aumento de la movilidad internacional y la posible introducción de cepas híbridas detectadas en Europa.
Como antecedente, citó el brote de Córcega de 2014, primer caso de transmisión autóctona en Europa, que demostró que el parásito puede completar su ciclo si concurren condiciones ecológicas adecuadas. Este instituto advirtió de que el cambio climático podría modificar el riesgo al favorecer a los caracoles hospedadores y alterar los ecosistemas acuáticos en determinadas zonas.
Las autoridades sanitarias españolas mantienen una vigilancia preventiva basada en el diagnóstico precoz de casos importados, la notificación epidemiológica y la formación clínica para mejorar la detección, según el Ministerio de Sanidad.
PARÁSITOS Y TROPICALIZACIÓN
Por otro lado, un 'paper' publicado en Parasites & Vectors y firmado por científicos de 11 centros europeos de referencia en enfermedades tropicales realizó el análisis genético de 94 muestras clínicas. Detectó que un 30% de los casos presenta formas híbridas del parásito, lo que refleja "una mayor complejidad epidemiológica"cde la que se había descrito previamente en Europa.
Los autores advirtieron que esta diversidad genética podría tener implicaciones en la capacidad de adaptación del parásito a nuevos entornos si se introdujera en zonas con presencia de caracoles compatibles. Además, recomendaron de reforzar la vigilancia molecular y epidemiológica, ante la posibilidad de que condiciones ecológicas 'tropicalizantes' fomenten brotes locales puntuales en Europa.
(SERVIMEDIA)
01 Jun 2026
EDU/gja


