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Crónica

A un metro sobre el suelo y a cien del escenario: los fallos de accesibilidad en el Mad Cool

Covadonga Sanz, en el Mad Cool | Foto: Víctor Cendrós
MADRID

Con un aforo de 70.000 festivaleros y seis escenarios repartidos en 18 de hectáreas, el Mad Cool se ha consagrado como uno de los grandes festivales internacionales de España. Entre tanta aglomeración y tan poca sombra, los asistentes con discapacidad se quejan de haber encontrado sus plataformas a unos cien metros de los escenarios principales.

Si el Resurrection Fest ha copado titulares con una imagen viral de un chico en silla de ruedas aupado en volandas por metaleros, el Mad Cool merece un apunte diferente. Quizás sea porque los ‘indies’ son menos dados que los ‘heavies’ al levantamiento de sus congéneres, pero la camaradería también ha estado muy presente en el festival madrileño. Es más, se ha hecho necesaria.

Con un cartel por el que pasaban desde Rosalía hasta Iggy Pop, pasando por Vampire Weekend, The Hives o The Cure, las barras para la bebida de este festival llegaban a una persona de estatura media a la altura del pecho, por lo que los festivaleros en silla de ruedas podían, con suerte, asomar el flequillo. “Gracias a Dios me puedo impulsar y agarrarme a la barra; lo que miran son las cabezas y, si no me aúpo, la mía no está entre ellas”, explica Covadonga Sanz mientras trata de pedir un mini de cerveza que le servirá de aperitivo para The National, otro de los platos fuertes de la segunda jornada del Mad Cool.

Ella tiene 24 años, estudió integración social, trabaja de vez en cuando en la cocina de un 'catering' y ha asistido, principalmente, a los conciertos más ‘duros’. Con 16 años sufrió un accidente de tráfico que le supuso la amputación de una pierna y una reconstrucción de la otra. Al festival ha acudido al festival con su silla de ruedas y reconoce que, aunque en alguna ocasión casi acaba en el suelo por la irregularidad del terreno -enmoquetado con un falso césped que te hace olvidar que estás en una parcela de obra-, es más o menos accesible.

Pese a que desde 2017 existe una ley de accesibilidad que obliga a que todo esté adaptado para las personas con discapacidad, lo cierto es que no se cumple en su totalidad; al menos, a la hora de pedir una cerveza, por mucho que sea a razón de ocho euros. Y es que a los festivales van personas con discapacidad, a pesar de que muchas veces los recintos no estén preparados para ello. Aun así, se notan los esfuerzos del Mad Cool por hacer accesible un terreno que, antes de que se instalara el festival en Valdebebas hace ya más de un año, era un secarral yermo que si te dicen que estás en la ciudad del pocero y no a 15 minutos del ‘skyline’ madrileño, te lo crees.

“Dentro del recinto el suelo es horrible, hay bultos que te obligan a hacer el caballito y hay que ir despacito”, cuenta Covadonga. Aunque el festival pone un parking a disposición de las personas con movilidad reducida, ella acuse en autobús y dice no haber tenido apenas problemas para llegar ni para desenvolverse por el recinto, salvando el tema de los bultos y la necesidad de hacerse notar cuando tiene sed, hambre o lo que se le antoje.

Lo que sí lamenta, en cambio, es la distancia de la plataforma PMR instalada por el Mad Cool para las sillas de ruedas y que le hizo ver a Miles Kane desde la lejanía. “No está integrado, pero ¿cuándo lo ha estado en un concierto?”, reprocha. Y es que en los conciertos quienes más se entregaban eran los de las primeras filas, casi sobrepasando el foso que separa el escenario de los fans, y, cien metros más atrás, Covadonga.

Además, esta plataforma tiene un número limitado de acompañantes, lo que ha hecho a Nacho del Río, otro festivalero con discapacidad que viajó desde Zaragoza con un numeroso grupo de amigos, prescindir de ella y meterse entre el gentío para disfrutar de los conciertos. “Ha sido un festival bastante cómodo, había muchos baños adaptados”, agradece. Sin embargo, coincide con Covadonga en la pesadilla de pedir en las barras. “Si no me levanto de la silla, me tendría que quedar dando golpes hasta que me atendieran”, señala.

Si en España las personas con movilidad reducida suponen un 5,35% de la población, según datos de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe), en el Mad Cool su representatividad es bastante más escasa: en torno a un 0,034%, según los datos facilitados por la organización del festival, que cuenta con alrededor de 70 asistentes PMR entre los 186.128 festivaleros que ha congregado entre los cuatro días. Esto da cuenta de los reparos de estas personas por acudir a macroeventos de este estilo y que, quizás, de ser más accesibles no tendrían.

(SERVIMEDIA)
17 Jul 2019
GIC/gja/caa/

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