Ahogamientos

2025 cierra con 472 muertes por ahogamiento, la segunda cifra más alta desde que hay registros

MADRID
SERVIMEDIA

El pasado 2025 que acaba de terminar registró 472 muertes por ahogamiento no intencional en los espacios acuáticos españoles, una cifra que superó la registrada en 2024 y situó este año como el segundo más trágico de toda la serie histórica del Informe Nacional de Ahogamientos (INA), solo por detrás de 2017.

Así lo pone de manifiesto el INA, elaborado por la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (Rfess) en un análisis que viene marcado por un dato “especialmente preocupante” en el cierre de 2025, ya que diciembre se convirtió en el duodécimo mes con más ahogamientos mortales del histórico, con 31 fallecimientos, lo que demostró que el riesgo no solo no desaparece fuera del verano, sino que se mantiene activo durante todo el año.

Con este balance, en los once años de seguimiento del INA se superaron ya las 4.600 muertes por ahogamiento en España, consolidando este fenómeno como “un problema de salud pública”.

ANDALUCÍA, LA COMUNIDAD CON MÁS MUERTES

Por tercer año consecutivo, Andalucía volvió a situarse en 2025 como la comunidad autónoma con mayor número de muertes por ahogamiento no intencional, al registrar 81 fallecidos. Esta cifra confirmó una tendencia al alza en el territorio, con nueve muertes más que en 2024 y 13 más que en 2023.

Canarias, que ocupó el tercer puesto en 2024, se colocó como el segundo territorio español con más decesos con 75, 12 más que el año anterior, mientras que en la Comunidad Valenciana la cifra aumentó en dos, registrando 65 en total. En Galicia la cifra de fallecidos se redujo en 10, con 54, y en Cataluña, con 53, suponen seis más que en 2024.

Por detrás aparecen Castilla y León (31), Baleares (26), País Vasco (14), Castilla-La Mancha, Región de Murcia y Cantabria, con 13 cada región, y Asturias (11). Las cifras más bajas se registraron en Aragón (seis), Comunidad de Madrid (cinco), Navarra y La Rioja (cuatro cada una), Extremadura (tres) y Melilla (una), mientras que en Ceuta no se tuvo conocimiento de ningún fallecimiento por esta causa en 2025.

En cuanto al perfil general de las víctimas, se mantuvo un “marcado desequilibrio” por sexo. Los hombres continuaron siendo el colectivo mayoritariamente afectado, con 384 fallecidos, un 81,5%, frente a 88 mujeres, un 18,5%. La mayoría de las personas fallecidas eran de nacionalidad española (392), seguidas de 56 de procedencia europea, 15 americanas, cuatro asiáticas y cuatro africanas.

Las playas vuelven a ser el escenario más frecuente de los ahogamientos mortales, con 241 fallecimientos, lo que representó más de la mitad del total anual. Les siguen los ríos, con 88 muertes, las piscinas, con 49, y otros espacios acuáticos como embalses, canales o puertos, donde se produjeron 94 fallecimientos.

En relación con la vigilancia, 220 muertes ocurrieron en lugares sin servicio de socorrismo, 200 en espacios que no contaban con vigilancia activa en el momento del incidente y 52 en zonas donde sí había servicio, lo que “volvió a poner el foco en la importancia de ampliar horarios, temporadas y recursos humanos de prevención”.

Más de la mitad de los ahogamientos mortales se concentraron a partir de los 45 años, una tendencia asociada a “factores de salud, exceso de confianza y exposición prolongada al medio acuático”. Los fallecimientos por esta causa tuvieron mayor incidencia en las personas de entre 65 y 74 años, seguidas de los mayores de 75 y de las franjas de 45 a 64 años, lo que confirmó que el mayor impacto recae en la población adulta y de edad avanzada.

Por otro lado, 47 menores de edad perdieron la vida por ahogamiento, un 10% del total. Los adolescentes y niños de corta edad siguieron siendo víctimas de muertes evitables, lo que reforzó la necesidad de una supervisión constante y de una educación preventiva desde la infancia.

Desde la Rfess se insistió “en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir estas cifras", pues "muchas de las muertes por ahogamiento podrían evitarse con una mayor conciencia social del riesgo, con una presencia profesional adecuada y prolongada de socorristas, y con políticas públicas que refuercen la seguridad acuática durante todo el año, no solo en los meses de verano”.

A ello se suma “la necesidad de mejorar y actualizar la formación de los socorristas, garantizar condiciones laborales dignas que favorezcan la estabilidad del personal cualificado y extender la temporada y los horarios de vigilancia a entornos naturales de interior, cada vez más frecuentados”, señalaron.

(SERVIMEDIA)
05 Ene 2026
JNV/mmr

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