Accidente tren

El Cermi advierte que las personas con discapacidad son "invisibles" en los protocolos de rescate de accidentes ferroviarios

- La seguridad en los trenes sigue diseñada para un "usuario estándar que no existe", lo que deja a las personas con discapacidad "atrapadas en una trampa mortal" en caso de accidente

MADRID
SERVIMEDIA

El presidente del Cermi Comunidad Valenciana, Luis Vañó, alertó este lunes de la "invisibilidad" de las personas con discapacidad en los protocolos de rescate en situaciones de emergencias o catástrofes, por lo que planteó introducir cambios normativos urgentes, como "la implantación de la denominada trazabilidad de la vulnerabilidad" para "pasar de la suerte al derecho" en la gestión de las emergencias ferroviarias como la catástrofe de ayer domingo en Adamuz.

En una entrevista con Servimedia tras el accidente ferroviario de Adamuz, señaló que es preciso visibilizar un "error sistémico" que se repite en cada gran catástrofe. "El accidente de Adamuz nos devuelve a una realidad dolorosa: las emergencias no discriminan, pero los protocolos sí", afirmó. A su juicio, "seguimos diseñando la seguridad bajo el paradigma del usuario estándar, asumiendo que todo el mundo puede oír una megafonía, ver una señal o salir por su propio pie de unos vagones caídos por un terraplén de cuatro metros". "Cuando se ignora la diversidad humana, creamos una seguridad de dos velocidades: una robusta para la mayoría y una extraordinariamente frágil para las personas con discapacidad", añadió.

"La voluntad de nuestros cuerpos de seguridad y sanitarios es heroica e incuestionable, pero la formación específica sigue siendo una asignatura pendiente", según Vañó. "Existe una brecha entre saber hacer primeros auxilios y saber aplicarlos a la diversidad corporal y cognitiva. Las primeras horas tras un accidente concentran fallos críticos que afectan de manera directa al colectivo de personas con discapacidad", dijo. "Existe una invisibilidad en el triaje, porque los equipos de rescate llegan preparados para el trauma físico visible, pero a menudo carecen de herramientas para identificar necesidades de apoyo no evidentes, como la sordera o la discapacidad intelectual", señaló. A ello se suma "el agujero negro informativo", ya que "si la información de evacuación no es accesible, la persona con discapacidad queda completamente aislada, aumentando su vulnerabilidad", precisó. La evacuación, en demasiadas ocasiones, "depende de la buena voluntad de otros pasajeros y no de un derecho garantizado".

Desde el Cermi se plantea la necesidad de introducir cambios normativos urgentes para "pasar de la suerte al derecho" en la gestión de las emergencias ferroviarias, comenzando por "la implantación de la denominada trazabilidad de la vulnerabilidad". La información sobre necesidades especiales que ya manejan los operadores ferroviarios, como la asignación de plazas para personas con movilidad reducida, "debe estar interconectada de forma automática con el 112 en caso de accidente", de manera que los equipos de rescate "sepan de antemano si en un vagón hay una persona que no puede salir por su propio pie", indicó Vañó. También reclamó que los trenes cuenten de forma obligatoria con equipamiento específico a bordo, como sillas de evacuación y "kits de comunicación aumentativa con pictogramas" para garantizar una evacuación segura e inclusiva desde el primer momento.

LA BARRERA INVISIBLE

El presidente del Cermi CV puso especial énfasis en lo que denominó "la barrera invisible" de la comunicación en situaciones extremas. "En un escenario nocturno y caótico, el mayor peligro no es solo el impacto, sino el colapso informativo", advirtió. Ese bloqueo tiene "dos frentes claros: el vagón y la pantalla". En la zona cero, "una persona sorda puede parecer ‘no cooperativa’ simplemente por no oír las órdenes"; mientras que en el exterior, "si los medios de comunicación y los canales oficiales no emiten con subtítulos o lengua de signos, empujamos a las personas con discapacidad a la desinformación, al bulo y al pánico". "Sin accesibilidad, el caos se convierte en una sentencia", resumió.

Vañó dijo que no existen protocolos claros de trato adecuado: "Con frecuencia se separa a las víctimas de sus asistentes personales o de sus perros guía para agilizar el traslado, una práctica que agrava de forma directa el trauma psicológico y la pérdida funcional". Subrayó la necesidad de "incorporar una visión a largo plazo de las lesiones", pues "las consecuencias del rescate no terminan en el hospital; una intervención mal ejecutada por falta de técnica o de formación específica puede hacer irreversible una lesión y derivar en una nueva discapacidad".

Llamó la atención sobre "la accesibilidad cognitiva en situaciones de pánico". Recordó que "el caos de sirenas y luces puede provocar bloqueos en personas con discapacidad intelectual o del desarrollo", que no siempre reciben "una instrucción calmada, adaptada o en lectura fácil". También se refirió a la pérdida del llamado 'yo extendido': "Para una persona con discapacidad, su silla de ruedas, sus audífonos, sus implantes o su perro guía no son equipaje, son su cuerpo". "Evacuar a alguien a las bravas, separándolo de sus apoyos, puede salvarle la vida física, pero le condena a una dependencia total y a un trauma severo en el minuto después", advirtió. A ello añadió la interrupción de tratamientos farmacológicos durante horas de espera, que "puede convertir una condición estable en una urgencia médica grave".

REDUNDANCIA SENSORIAL

Vañó explicó que la comunicación de emergencias debe regirse por la "redundancia sensorial", de modo que "ningún mensaje vital se emita por un solo canal". "Megafonía, señales luminosas y avisos de texto deben funcionar de manera simultánea dentro del tren y en las estaciones", explicó. Amplió esa exigencia al papel de los medios de comunicación: "La televisión, la radio y las redes sociales institucionales son también un servicio esencial de protección civil y deben garantizar accesibilidad total en situaciones de crisis, con subtitulado en directo, intérprete de lengua de signos y formatos de lectura fácil". De lo contrario, "se empuja a las personas con discapacidad a la desinformación, aumentando su vulnerabilidad".

La solidaridad de los ciudadanos es "el primer eslabón de la cadena de socorro", dijo Vañó, quien apeló a "una actuación responsable y consciente ante la diversidad". Destacó la importancia de preguntar antes de intervenir para evitar manipulaciones que puedan causar lesiones graves en personas con fragilidad ósea o dolor crónico. Recomendó identificar el canal de comunicación adecuado y recordó que la falta de respuesta verbal no implica inconsciencia, sino que puede deberse a una discapacidad auditiva.

SEGUNDA VICTIMIZACIÓN

Vañó puso el foco en que, "cuando se apagan las cámaras, comienza a menudo la denominada 'segunda victimización', que afecta tanto a quienes sufren una discapacidad sobrevenida tras heridas graves como a quienes ya tenían una discapacidad previa". Lamentó llegado este punto la falta de agilidad administrativa para acceder a rehabilitación, ayudas y adaptaciones. Subrayó que el duelo y el estrés postraumático "requieren un acompañamiento psicológico especializado y sostenido". Finalmente avanzó que el Cermi "vigilará que se garantice una cobertura integral, sanitaria, social y psicológica, para evitar que las víctimas tengan que enfrentarse a la burocracia mientras tratan de reconstruir su vida".

El presidente de Cermi CV trasladó, "en primer lugar y en nombre del Cermi" su "más hondo pesar y solidaridad con las víctimas del accidente de Adamuz y sus familias". "Nos duelen profundamente cada una de las vidas perdidas y seguimos con enorme preocupación la evolución del centenar de personas heridas", subrayó. Añadió que esta tragedia "debe servir también para revisar de forma honesta cómo se gestionan las emergencias cuando hay personas con discapacidad implicadas".

(SERVIMEDIA)
19 Ene 2026
EDU/clc