Discapacidad
La discriminación hacia las personas con discapacidad es “una realidad estructural y cotidiana” en España
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El periodista, divulgador gastronómico y creador de contenido Jonatan Armengol, una de las voces más influyentes en la visibilización de la discapacidad en España, denunció que la discriminación hacia las personas con discapacidad continúa siendo “una realidad estructural y cotidiana”, pese a los avances legislativos de los últimos años.
Ciego total y único crítico gastronómico invidente del país, Armengol se ha convertido en un referente gracias a su presencia en redes sociales, donde suma más de un millón de seguidores. Desde ahí denuncia situaciones de exclusión, vulneraciones de derechos y barreras invisibles que, según sostiene, “siguen normalizándose porque afectan a una minoría”.
“Cuando algo es ilegal y sigue pasando todos los días, el problema no es la ley, es que nadie se encarga de que se cumpla”, afirmó en una entrevista concedida a Servimedia.
Entre las situaciones que Armengol denuncia con mayor contundencia se encuentran las negativas de acceso al transporte y a establecimientos públicos por ir acompañado de su perro guía, una práctica expresamente prohibida por la legislación vigente. Sin embargo, explicó que estas escenas se repiten con una frecuencia alarmante.
“Me han dejado tirado taxis, me han discutido la entrada en restaurantes y me han negado servicios básicos. Todo eso es ilegal, pero sigue pasando porque no pasa nada”, denunció. Para Armengol, este tipo de discriminación no es anecdótica, sino sistémica. “No hablamos de un camarero despistado, hablamos de una sociedad que todavía ve la discapacidad como un problema ajeno”.
En muchos momentos de su vida, el comunicador ironiza con una expresión que se ha convertido en seña de identidad: “Sujétame el cubata”. Una frase que utiliza justo antes de enfrentarse a una situación injusta, como símbolo de hartazgo ante lo que considera una paciencia históricamente exigida a las personas con discapacidad. “No se cambian las cosas estando callados y dando las gracias por todo. Se cambian señalando lo que está mal”, señaló.

BARRERAS QUE NO SE VEN, PERO PASAN
Armengol insistió en que la accesibilidad sigue siendo una “asignatura pendiente”, especialmente en el ámbito digital y tecnológico. Criticó que grandes empresas lancen productos, aplicaciones y servicios “sin tener en cuenta a millones de potenciales usuarios”.
“La accesibilidad no es un extra ni una opción. Es parte del diseño. Cuando una empresa no la contempla, está diciendo claramente a quién no quiere como cliente”, afirmó. A su juicio, muchas de estas barreras podrían eliminarse sin grandes costes si se integraran desde el inicio. “Lo caro no es hacer accesible algo, lo caro es hacerlo mal y tener que arreglarlo después”.
El periodista alertó de que la falta de accesibilidad no solo limita la autonomía, sino que también “genera dependencia y exclusión social”. “No poder pedir un taxi, usar un electrodoméstico o acceder a una web no es una molestia, es una vulneración de derechos”, recalcó.
VIOLENCIA INSTITUCIONAL Y PROCESOS INTERMINABLES
Otro de los puntos más críticos de su denuncia se centra en la respuesta institucional. Armengol reconoció que “denunciar es necesario”, pero advirtió de que los procedimientos son tan largos y complejos que muchas personas con discapacidad acaban desistiendo.
“Cuando una denuncia tarda años en resolverse, el mensaje es claro: no merece la pena reclamar”, señaló. A su juicio, esta falta de agilidad también constituye una forma de “violencia institucional”. “El sistema protege más al infractor que a la persona discriminada”. Por ello, reclamó “sanciones ejemplares y rápidas” que actúen como “elemento disuasorio”. “Mientras discriminar salga gratis, va a seguir pasando”, resumió.
Armengol también cuestionó el enfoque asistencialista de muchas políticas públicas en materia de discapacidad. Sin negar la necesidad de apoyos, consideró que el exceso de ayudas pasivas “acaba reforzando la exclusión”.
“No queremos vivir de ayudas, queremos vivir de nuestro trabajo”, afirmó. Como autónomo y empresario, denunció las dificultades añadidas que encuentran las personas con discapacidad que desean emprender. “Si de verdad se apostara por el talento, habría menos dependencia y más contribución”. Para Armengol, el empleo es una herramienta clave para romper prejuicios. “Trabajar no solo da dinero, da dignidad y cambia la mirada del entorno”, señaló.
REPRESENTACIÓN REAL
El periodista también pone el foco en el papel de los medios de comunicación, a los que acusa de “tratar la discapacidad como algo excepcional” o “vinculado únicamente al conflicto”. “No queremos salir solo cuando nos discriminan o cuando hay una historia lacrimógena”, reivindicó.
Defiende una “representación normalizada” de las personas con discapacidad en tertulias, programas y espacios de opinión. “No somos héroes ni víctimas permanentes. Somos profesionales”, afirmó.
El crecimiento de Armengol en redes sociales ha convertido su experiencia individual en una causa colectiva. Aunque reconoció que la mayoría de la ciudadanía “actúa con respeto”, consideró imprescindible “mostrar también las conductas discriminatorias”. “Si no se enseña lo que está mal, nada cambia”, afirmó.
Además, celebró que cada vez más personas con discapacidad utilicen las redes para contar su realidad. “Ahora somos muchos más, y cuando somos muchos, ya no se nos puede ignorar”. Armengol concluyó con una llamada a la responsabilidad colectiva. Recordando que la discapacidad no es una condición excepcional, sino una circunstancia que puede aparecer en cualquier momento de la vida.
“La accesibilidad no es para una minoría. Es para todos. Hoy estás bien, mañana no lo sabes”, afirmó. A su juicio, la manera en que una sociedad trata a las personas con discapacidad es un reflejo directo de su calidad democrática. “Y todavía tenemos mucho que mejorar”, apostilló.
(SERVIMEDIA)
08 Feb 2026
RIM/pai
