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La Fundación Cermi Mujeres pide más “protocolos” policiales para detectar y asistir a mujeres con discapacidad víctimas de trata

MADRID
SERVIMEDIA

La Fundación Cermi Mujeres (FCM) pidió este viernes que se elaboren “protocolos de actuación” de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para la “detección, identificación y asistencia” de casos de mujeres y niñas con discapacidad víctimas de trata y explotación sexual, incluyendo la prostitución, ante la falta de “mecanismos” para ello.

Así lo expresó la vicepresidenta ejecutiva de la FCM, Ana Peláez, en su charla ‘La conceptualización de la trata y la explotación de mujeres y niñas con discapacidad: Reflexiones para una intervención efectiva’, en el marco de la conferencia anual de la FCM sobre ‘La trata de mujeres y la explotación de mujeres y niñas con discapacidad: orientaciones para una intervención efectiva’ en el Congreso de los Diputados.

Peláez también insistió en la necesidad de “capacitar” a los profesionales que asisten a las víctimas de trata y explotación con discapacidades “invisibles y traumáticas” para “identificar estas situaciones más allá de lo que se observa visualmente”.

Asimismo, advirtió de que es un “error pensar que porque una mujer tenga una discapacidad el recurso es solo que vaya a una organización de discapacidad”, insistiendo en la importancia de la colaboración entre entidades especializadas y del ámbito de la discapacidad.

También subrayó que las mujeres y niñas con discapacidad están “invisibilizadas por las estadísticas, subrepresentadas en las políticas públicas” y están “fuera del alcance de los mecanismos de protección existentes” y que su vulnerabilidad proviene tanto de la “privación de sus derechos humanos” como del “abuso al que se ven sometidas por parte del entorno”, incluyendo “la familia, comunidad, las instituciones y las redes de traficantes y de proxenetas”.

En este sentido, denunció que la “familia” puede ejercer “violencia económica, servidumbre doméstica, trabajo forzado, mendicidad” e, incluso, “explotación sexual en el entorno más cercano” de las mujeres con discapacidad víctimas de esta lacra.

Además, señaló los abusos que hay contra estas víctimas por parte de instituciones “cerradas, segregadas y aisladas”, donde “no se garantiza una protección adecuada” y las mujeres quedan sometidas “a la voluntad de los y las profesionales”.

Peláez añadió que la explotación también se produce en “contextos de migración, conflictos armados o emergencias humanitarias” y alertó del auge de “prostitución de mujeres con acondroplasia o sordas”, entre otras discapacidades, promovida incluso “a través de redes sociales”.

MEDIDAS

Ana Peláez planteó cuatro ejes defendidos por la FCM para combatir esta lacra: “prevención, la detección, la asistencia y la rehabilitación y reparación integral de víctimas”.

La vicepresidenta ejecutiva de la entidad denunció la falta de análisis sobre las victimas porque “no hay datos oficiales ni en España ni en ninguna parte del mundo” y recordó que muchas discapacidades “no se detectan” y “no se concede credibilidad” a quienes las relatan, lo que dificulta la identificación de casos.

Finalmente, incidió que todo este trabajo “no tendría ningún sentido si no pusiéramos en primera persona a las propias mujeres y niñas con discapacidad”, pues “son a ellas a quienes nos debemos dirigir para que esto no se repita”, refiriéndose a garantizar la no repetición y reparación como víctimas de estas lacras.

PRIMERA PERSONA

En la jornada también participó una mujer víctima de prostitución y trata para contar su experiencia en primera persona. Relató cómo cuando no tenía “ni 21 años” ya estaba “en una barra de un club”, donde le hicieron creer que era “empresaria” y que era una “buena profesional”, pero “vendía” su cuerpo. Explicó con crudeza cómo normalizaba la explotación: “Me decían que yo solo servía para eso y yo creía que estaba ahí porque me gustaba”.

Relató la cadena de violencias que la llevó a la prostitución: “A los 8 años me violaron, lo denuncié, y lo que me tocaba era una paliza mayor”. Huyó de su casa (Brasi) con 12 años y comenzó a trabajar desde muy pequeña, hasta migrar a España buscando una vida nueva.

La victima explicó también que en prostitución primero te “educan”, que “no te sueltan a la plaza hasta que no estés educada”, es decir, hasta saber “a quién perteneces”.

Además, describió la violencia de los tratantes, que tienen mujeres “encerradas sin dejarles dormir”, castigos como “una ducha con una manguera de agua fría y te quedas ahí toda la noche”, y represalias por intentar huir o ayudar a otras.

Citó el miedo a los agentes policiales cuando las mujeres están prostituidas: “Mi principal enemigo eran las fuerzas de autoridad. Sabía que no estaban para proteger” e, incluso, “antes de una redada dejaban salir a los clientes” mientras las mujeres quedaban expuestas por ser migrantes sin formalización de sus papeles.

Así pues, rechazó la idea de que alguien “quiera” estar ahí: “Ninguna, nunca, me ha dicho que estaba ahí porque le gustaba”, lo que ocurre es que “en algún momento han sido vulnerables y alguien las atrapó”. Explicó que muchas mujeres prostituidas son madres, inmigrantes o españolas en precariedad, atrapadas por parejas que les dicen “si tú no trabajas no vas a ver más a tu hijo” o amenazan con dañar a sus familias.

Lourdes pidió reflexionar sobre si “alguien diría a su propia hija que esto es solo abrirte de piernas y vas a ganar dinero” y recordó que las mujeres en prostitución están ahí “porque un día fueron vulnerables y alguien las manipuló”. Finalmente, recordó a las mujeres que arriesgaron su vida para que ella pudiera escapar de la prostitución y pidió que cuando se vea a una mujer en prostitución no se juzgue su apariencia, sino que se piense “qué la ha llevado ahí”.

(SERVIMEDIA)
13 Mar 2026
AGG/gja