Inclusión
Niños de 12 años diseñan "un mundo más accesible" para las personas con discapacidad
- Los alumnos idearon soluciones inclusivas para que el eclipse del próximo miércoles pueda ser vivido por personas con distintas discapacidades
- Gafas adaptadas, diademas y tecnología programada para acercar el eclipse a todas la personas
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
Un grupo de niños del 12 años del del CEIP Curros Enríquez de A Coruña dedicó tiempo durante los últimos cursos aprendiendo a mirar objetos tan cotidianos como un lápiz, una cuchara, unas gafas o un blíster de medicamentos desde una perspectiva diferente: preguntándose qué ocurre cuando una persona no puede utilizarlos de la forma para la que fueron diseñados y diseñando soluciones destinadas a facilitar la vida de las personas con discapacidad.
Su último reto fue hacer más accesible el eclipse solar de este miércoles mediante gafas adaptadas, diademas, maquetas táctiles y dispositivos sonoros, como parte de un proyecto con el que han aprendido que la tecnología puede servir para construir, en palabras de la investigadora y profesora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Thais Pousada, “un mundo más accesible”.
Los escolares participaron durante el curso 2025-2026 en el proyecto ‘Diseño 3D con impacto social: del aula a la inclusión’, impulsado por la UNIR junto con la Fundación ENKI y la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares (ASEM), que utiliza el diseño, la impresión 3D y la programación para buscar soluciones a necesidades reales planteadas por personas con discapacidad.
La iniciativa, liderada por Pousada, comenzó en realidad dos cursos antes, cuando los alumnos estaban en cuarto de Primaria. Pousada acudió entonces al colegio para hablarles sobre discapacidad y sobre las dificultades que muchas personas encuentran para realizar actividades cotidianas en entornos que siguen siendo poco accesibles.
“La profe me invitó para hablarles un poco del tema de la discapacidad y de las dificultades que en el día a día tienen diferentes personas con discapacidad, porque está todo muy poco accesible”, explicó Pousada en una entrevista con Servimedia.
Uno de los aspectos que más sorprendió a los escolares fue descubrir el precio que pueden alcanzar algunos productos de apoyo comercializados para facilitar actividades básicas. “Cuando un tenedor te cuesta 25 euros, eso no es viable”, ejemplificó la investigadora.
A partir de ahí, comenzaron a desarrollar alternativas de bajo coste. Los propios alumnos organizaron una pequeña cooperativa, compraron materiales sencillos de manualidades y empezaron a fabricar y perfeccionar adaptaciones. La iniciativa incorporó además la colaboración de personas vinculadas a la Fundación ENKI y ASEM.
MANUALIDADES E IMPRESIÓN 3D
El salto tecnológico llegó durante el curso 25-26, cuando el colegio recibió una impresora 3D. “A partir de ahí vimos la oportunidad de poder hacer cosas en 3D”, explicó Pousada, quien impartió varios talleres para enseñar a los niños conceptos básicos sobre diseño tridimensional, localizar modelos gratuitos ya creados y utilizar la propia impresora, desde introducir o retirar el filamento hasta preparar las impresiones.
Los estudiantes aplicaron después estos conocimientos al desarrollo de productos destinados a resolver problemas concretos. Diseñaron, entre otros, adaptalápices y ayudalápices para personas con dificultades de motricidad fina, sujetacucharas y sujetatenedores para facilitar la alimentación y un ayudablíster concebido para extraer medicamentos de su envase de manera más sencilla.
Incluso los errores durante la impresión se incorporaron al proceso de aprendizaje. Algunas piezas que inicialmente no habían salido como esperaban fueron modificadas con cintas y otros materiales hasta transformarse en dispositivos funcionales.
Para Pousada, precisamente ahí reside una de las claves del proyecto: que la tecnología no sea un fin en sí mismo. Los estudiantes aprenden impresión 3D, programación, diseño digital y resolución de problemas mientras buscan responder a una necesidad concreta de otra persona: “Es un claro ejemplo de divulgación científica, y destacó especialmente el grado de sensibilización alcanzado por los alumnos; una sensibilidad brutal”.
Como ejemplo recordó una anécdota que le trasladó la tutora del grupo, Natuska Naylor. Algunos estudiantes decidieron que en carnaval querían disfrazarse de terapeutas ocupacionales o de productos de apoyo. El proyecto se desarrolló además en un grupo de 23 estudiantes caracterizado por una elevada diversidad de procedencias. Para la investigadora, trabajar en ese contexto sobre discapacidad permitió abordar también una concepción más amplia de la diversidad y reflexionar sobre las “diferentes necesidades que tenemos todas en cualquier momento de nuestra vida”.
TOCAR Y ESCUCHAR EL ECLIPSE
Los alumnos se preguntaron cómo podría vivir un eclipse solar una persona con discapacidad visual o alguien que tuviera dificultades para sujetar unas gafas protectoras convencionales. Una de las respuestas fueron las 'gafas inclusivas', elaboradas a partir de gafas homologadas para observar el eclipse a las que añadieron una pieza impresa en 3D que facilita el agarre a personas con problemas de motricidad fina.
Otro grupo diseñó una diadema que mantiene las gafas colocadas sin necesidad de sujetarlas con las manos. Pero se plantearon además cómo trasladar una experiencia eminentemente visual a una persona que no puede ver. “Uno de los proyectos incorpora una placa micro, es decir, que han tenido que programar el micro para ayudar a una persona con discapacidad visual a percibir el eclipse”, explicó Pousada. Los alumnos construyeron una maqueta tridimensional del Sol, la Tierra y la Luna en la que la placa programable activa un sonido cuando la Luna se sitúa entre el Sol y la Tierra y reproduce la posición del eclipse.
La maqueta incorpora además diferentes texturas para poder recorrer con las manos la disposición de los astros. El objetivo, según resumieron los propios estudiantes al presentar su trabajo, era permitir “sentir el eclipse en tus manos”.
También desarrollaron un simulador táctil para seguir mediante el tacto las posiciones relativas del Sol y la Luna; una denominada 'Tierra inclusiva', que combina elementos táctiles con estímulos auditivos; y un libro sobre el eclipse elaborado con texto, pictogramas, braille y elementos en relieve.
Esta idea alcanzó igualmente a la neurodiversidad. Antes incluso de trabajar con impresión 3D, los alumnos diseñaron elementos de calma dirigidos a niños con dificultades en el procesamiento sensorial, pensados para poder tocarlos o pasarlos por el cuerpo y ayudarles a regularse o relajarse.
DE ALUMNOS A MENTORES
La experiencia culminó el pasado curso con una presentación abierta a familias, entidades y ciudadanía en la que participaron cerca de 150 personas. El proyecto recibió financiación a través de la convocatoria Divulga 2025-2026 del Vicerrectorado de Transferencia de la UNIR.
Pousada destacó especialmente la implicación de la tutora del grupo, Natuska Naylor, quien acompañó a los niños durante los últimos cursos y dio continuidad en el aula al trabajo iniciado durante las sesiones de la investigadora.
Ahora, con el curso 2026-2027 a punto de comenzar y los alumnos ya camino del instituto tras terminar sexto de Primaria, el objetivo es que la iniciativa pueda tener continuidad con nuevos grupos. “Ya que tienen la impresora 3D, que le den uso a esa impresora y que la utilicen realmente para hacer cosas buenas”, explicó Pousada. La investigadora planteó incluso que los propios estudiantes que han participado durante estos años regresen al colegio desde una posición diferente y transmitan sus conocimientos a compañeros más pequeños: “Lo ideal sería que ellos fueran mentores de los niños de Educación Primaria, que puedan dar charlas también a los niños del cole, pero ellos ya desde otra posición”.
(SERVIMEDIA)
11 Ago 2026
EDU/pai




