Enfermedades raras

Una prueba genética identifica a bebés con una enfermedad rara que podrían curarse con cirugía

Madrid
SERVIMEDIA

Una prueba genética rápida permite identificar a bebés con hiperinsulinismo congénito que presentan una forma localizada de esta enfermedad rara y que, por tanto, podrían curarse mediante cirugía, según un trabajo científico-médico publicado en la revista 'Nature Health'.

Este estudio genómico, liderado por la Universidad de Exeter y el Royal Devon University Healthcare NHS Foundation Trust (Reino Unido) analizó el impacto del proyecto internacional ‘Open Hyperinsulinism Genes Project’, que desde 2018 ha ofrecido pruebas genéticas a más de 1.100 familias con hiperinsulinismo congénito en decenas de países. Contó con la colaboración del Congenital Hyperinsulinism International, una organización internacional de pacientes con sede en Estados Unidos, que trabaja con familias, profesionales e investigadores de distintos países para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y el conocimiento de esta enfermedad rara.

El hiperinsulinismo congénito es una enfermedad rara en la que el páncreas produce demasiada insulina, lo que provoca bajadas graves de azúcar en sangre. Estas hipoglucemias pueden causar convulsiones, daño cerebral permanente e incluso la muerte si no se detectan y tratan a tiempo.

La clave del trabajo es que la genética puede ayudar a diferenciar entre dos formas de la enfermedad. En algunos bebés, todo el páncreas está afectado, lo que se conoce como enfermedad difusa. En otros casos, el problema se concentra en una zona concreta del órgano, una forma focal que puede tratarse mediante cirugía para extirpar únicamente esa parte alterada.

En los casos de enfermedad focal, la intervención consiste en una pancreatectomía parcial y selectiva, es decir, en retirar la pequeña zona del páncreas que produce insulina de forma excesiva. Esta distinción es decisiva porque cambia por completo el tratamiento.

ELIMINAR EL FOCO DEL PROBLEMA

En la forma focal, la cirugía puede curar la enfermedad en la mayoría de los pacientes, al eliminar únicamente el foco de células beta que secreta demasiada insulina. Es una intervención compleja y altamente especializada, pero mucho más limitada que la extirpación casi total del páncreas que puede llegar a plantearse en algunos casos graves de enfermedad difusa resistente al tratamiento médico, según el estudio.

Cuando la enfermedad es difusa, es decir, cuando afecta a todo el páncreas, la cirugía extensa implica más riesgos a largo plazo, como diabetes o insuficiencia pancreática, y "se reserva para situaciones muy graves que no responden a los tratamientos disponibles".

Por eso, la prueba genética rápida resulta tan relevante: "No cura por sí misma, pero permite identificar qué bebés pueden tener una forma localizada y, por tanto, beneficiarse de una intervención con intención curativa". En estos casos, el diagnóstico precoz "puede evitar hipoglucemias repetidas y reducir el riesgo de daño neurológico asociado a las bajadas graves de azúcar".

Según la Universidad de Exeter, el proyecto proporcionó un diagnóstico genético a 593 familias, el 52% de las analizadas. Además, las pruebas "permitieron confirmar enfermedad difusa en centenares de niños e identificar casos compatibles con enfermedad focal, una información decisiva para orientar el tratamiento y valorar la cirugía en pacientes que no responden a la medicación".

EQUIDAD SANITARIA

El proyecto también tiene una dimensión de equidad sanitaria, ya que ofrece pruebas genéticas a familias que no pueden acceder a estos servicios en sus países o no pueden financiarlos. La iniciativa incluyó a pacientes de distintos continentes y pretende reducir las desigualdades globales en el acceso a la medicina genómica.

La profesora de la Universidad de Exeter Sarah Flanagan destacó que este tipo de pruebas puede tener un impacto “que cambia la vida” de los niños afectados y sus familias, al facilitar diagnósticos más rápidos y tratamientos más precisos.

Los investigadores defienden en sus conclusiones que el modelo del ‘Open Hyperinsulinism Genes Project’ puede servir de referencia para otras enfermedades raras, "en las que el acceso temprano a la genética resulta clave para evitar retrasos diagnósticos, pruebas innecesarias y tratamientos menos ajustados a cada paciente".

REVISAR DIAGNÓSTICOS ANTIGUOS

En otro trabajo reciente, publicado en el ‘Journal of the Endocrine Society’, investigadores de la propia Universidad de Exeter, en colaboración con la Universidad de Finlandia Oriental y varios hospitales finlandeses, demostraron que volver a analizar pruebas genéticas antiguas "podría ayudar a resolver casos de hiperinsulinismo congénito que habían quedado sin diagnóstico molecular durante años".

El estudio revisó 27 casos finlandeses de esta enfermedad rara que permanecían sin explicación genética pese a haber sido estudiados previamente. Al aplicar herramientas de análisis más actualizadas, el equipo logró resultados informativos en el 22 % de los pacientes: cuatro obtuvieron un diagnóstico genético definitivo y otros dos vieron reinterpretados hallazgos previos que no habían podido aclararse en su momento.

Los autores destacaron que esta relectura permitió cerrar “odiseas diagnósticas” que se habían prolongado entre 14 y 38 años desde el diagnóstico clínico inicial. Este hallazgo refuerza la idea de que, en enfermedades raras, "una prueba genética negativa no siempre debe considerarse definitiva, ya que el conocimiento sobre nuevos genes, variantes y mecanismos de enfermedad avanza con rapidez".

Los investigadores defienden que el reanálisis periódico de casos no resueltos debería integrarse en la práctica clínica de la medicina genómica, especialmente en enfermedades raras de inicio infantil.

UN CASO POR CADA 27.000 NACIDOS

Orphanet, la base europea de referencia sobre enfermedades raras y medicamentos huérfanos. sitúa la prevalencia media mundial del hiperinsulinismo congénito en torno a un caso por cada 27.000 nacimientos, aunque puede llegar a uno por cada 2.500 en comunidades con alta consanguinidad. En poblaciones europeas, una revisión reciente estima 3,5 casos persistentes por cada 100.000 nacimientos. Trasladado de forma orientativa a España, con los 321.164 nacimientos estimados por el INE en 2025, supondría unos once o doce nuevos casos persistentes al año.

(SERVIMEDIA)
24 Jun 2026
EDU/clc/gja