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De Venezuela a España en busca de una vida mejor que “pasó por aceptar mi discapacidad”

La ONCE brinda una oportunidad laboral y vital para personas como Juan Carlos Márquez

Juan Carlos Márquez.
MADRID

Juan Carlos Márquez llegó a España en 2015 procedente de Venezuela, donde había estudiado Economía, en busca de una vida mejor y con una significativa pérdida de visión.

Ahora tiene un 84% de discapacidad visual reconocida; usa un bastón blanco para andar solo por la ciudad; vende el Cupón de la ONCE; se ha instalado un sintetizador de voz en el ordenador, y está a punto de iniciar un exigente curso --de casi 900 horas de formación-- para puestos de mayor responsabilidad en esta organización.

“Siento que he empezado una nueva vida desde 0”, confiesa Juan Carlos a Servimedia. “En otro país, en una ciudad diferente, con otra profesión y, sobre todo, “con otra percepción sobre mí mismo”.

“Gracias a la ONCE y a los compañeros que he conocido aquí, he aceptado que tengo una discapacidad visual, que tengo que aceptar y que requiero ciertos apoyos”.

TENER PAPELES

Un paso determinante para ello fue afiliarse a la Organización, trámite que para una persona inmigrante no siempre resulta sencillo, sobre todo si entre tanto se declara una pandemia mundial.

“En 2017, yo empecé a recibir apoyo de fundación ONCE”, detalló. “Comenzaron ayudándome con el uso del bastón y me facilitaron empleo. Primero como vendedor del Cupón en Alcalá de Henares (Madrid), donde reside, y luego en una empresa del grupo Ilunion como operario.

Por aquel entonces Juan Carlos inició también los trámites para conseguir la nacionalidad española, algo que en principio parecía sencillo, puesto que su esposa y su hijo sí tienen este estatus.

Las dificultades para renovar su pasaporte venezolano, que había caducado, retrasaron no obstante el proceso al principio. Luego vinieron los trámites con la administración española y, pocos días antes de su entrevista definitiva, fijada para el 19 de marzo de 2020, “el mundo se vino abajo y todo cerró”.

Juan Carlos tuvo que esperar a junio del año pasado para retomar el proceso, aunque admite que, debido a su discapacidad, los funcionarios agilizaron sus trámites.

LA IMPORTANCIA DE AFILIARSE

“En cuanto conseguí la nacionalidad, pedí la afiliación a la once”, apunta y “esto sí que fue muy deprisa”.

“En la Agencia de Alcalá ya me conocían desde hacía tres años, pues había estado como vendedor y como voluntario, y sabían de mi interés”.

También en junio de 2020, Juan Carlos recobró su empleo de vendedor del Cupón, y junto a sus 19.000 compañeros volvió a salir a las calles para escuchar y vender ilusión.

Pero ha hecho muchas más cosas en este tiempo.

Cursó y superó con sobresaliente el Máster en discapacidad, Autonomía Personal y Atención a la Dependencia, que organizan la Fundación Derecho y Discapacidad y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y gracias a su pertinencia a la ONCE, obtuvo una licencia gratuita del programa Jaws para utilizar el ordenador mediante un lector de pantalla; recibió clases de un técnico en rehabilitación, que le acompañó durante unas semanas por sus recorridos habituales para evaluar sus necesidades de movilidad y en la vida diaria, y consiguió unas gafas y otras ayudas ópticas que precisaba para realizar sus actividades cotidianas. Moverse, leer, estudiar y hacer las ‘cosas de casa’ le resulta ahora mucho más sencillo.

“Estas son solo algunas ventajas que tienes cuando eres afiliado a la ONCE, y para ello se necesita la nacionalidad española o un permiso de residencia estable”, puntualizó.

Es cierto que desde la Fundación ONCE y las Comunidades Autónomas se presta apoyo a todas las personas con discapacidad sin necesidad de tantos requisitos en aspectos básicos (rehabilitación, formación, búsqueda de empleo…) prosigue Juan Carlos, pero “hay otros servicios más especializados para los que, en el caso de una persona ciega, conviene ser afiliado”.

Su propio hermano, que también tiene retinosis pigmentaria, recibe ayuda de la Fundación ONCE mientras se resuelve su solicitud de asilo.

Tras superar varios exámenes y un duro proceso de selección, Juan Carlos empezará en octubre un curso especializado en Puestos de gestión y Desarrollo Competencial en la ONCE, dirigido a la formación de personas afiliadas que quieran desempeñar mayores responsabilidades en la organización.

Hay muchas ofertas de estudios y de formación a las que tienes acceso si eres afiliado. También alternativas de ocio (teatro, salidas al campo, talleres de baile…); clases de tiflotecnología para aprender las tecnologías específicas que ayudan a las personas ciegas o con muy poca visión; rehabilitación básica y visual…, y algo que para Juan Carlos resulta fundamental: ayuda psicosocial.

ACEPTACIÓN

“Yo he requerido mucho tiempo antes de admitir que necesitaba utilizar el bastón. Suponía aceptar una nueva imagen de mí mismo”, prosigue, “y presentarme ante el mundo como una persona ciega, que según mi perspectiva (de entonces) era merecedora de lástima”.

“Tuve que romper el estereotipo sobre las personas ciegas que manejaba desde pequeño”, explica, que si ya en España no es “muy positivo, en Venezuela todavía es peor".

El punto de inflexión para Juan Carlos llegó cuando chocó con un niño que andaba despistado por la calle.

“Ahí vi que no solo era mi seguridad, sino la de los demás también”, bromea.

Ahora está encantado de la independencia que le ha dado el bastón, y también con la posibilidad de estudiar a través del ordenador, de acceder a todos los libros de la biblioteca digital de la ONCE y con la oportunidad que el nuevo curso de especialista que le espera en octubre supone para su desarrollo profesional.

Será otro cambio, uno más en su vida, pues Juan Carlos dejará su puesto de vendedor en Alcalá para dedicarse al estudio a tiempo completo en Madrid.

“Para alguien como yo, que de economista pasó a ser vendedor y operario de fábrica; que a los 37 años se vino a otro país y que aprendió a hacer su vida de nuevo cada vez con menos visión, esto es un salto adelante”.

“Me veo como a punto de empezar otra vida a los 43”, ahora como una persona ciega, española y afiliada a la ONCE.

“Siento vértigo, sí, pero estoy emocionado”.

(SERVIMEDIA)
01 Ago 2021
AGQ/man/

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