Ciencia

Un estudio revela que el cuerpo emplea sensores distintos para detectar el frío en la piel y en los órganos internos

- Explica por qué la sensación de frío en la superficie corporal difiere de la experimentada al respirar aire frío o ingerir alimentos muy fríos

Madrid
SERVIMEDIA

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche ha demostrado que el organismo humano no utiliza un único mecanismo para percibir el frío, sino sensores moleculares diferentes para la detección térmica en la piel y en los órganos internos, lo que aporta nuevas claves sobre la termorregulación y sensaciones corporales.

La investigación, liderada por el científico Félix Viana, codirector del laboratorio de Transducción Sensorial y Nocicepción del Instituto de Neurociencias (centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández), reveló que el frío no se percibe de forma homogénea en todo el organismo. En la piel, la detección térmica depende principalmente del canal iónico Trpm8, especializado en señales de temperaturas bajas y sensaciones refrescantes, mientras que en órganos internos como pulmones o estómago predominan otros sensores moleculares, especialmente Trpa1, informó este jueves el CSIC.

El estudio, publicado en la revista científica 'Acta Physiologica', se realizó en modelos animales y muestra que estos mecanismos moleculares distintos explican por qué la sensación de frío en la superficie corporal difiere claramente de la experimentada al respirar aire frío o ingerir alimentos muy fríos.

Según los investigadores, en la piel "los sensores térmicos están diseñados para activar conductas defensivas ante el frío ambiental, mientras que los sensores internos reflejan funciones fisiológicas más profundas relacionadas con la regulación interna del organismo". Esto sugiere que "la codificación de la información térmica está ajustada a las funciones específicas de cada tipo de tejido".

El equipo comparó neuronas del nervio trigémino, que recoge información de la piel y la superficie de la cabeza, con neuronas del nervio vago, que conecta el cerebro con órganos internos como pulmones y tracto digestivo. Utilizando técnicas avanzadas (imagen de calcio, registros electrofisiológicos y modelos genéticos sin los sensores Trpm8 o Trpa1—, los científicos identificaron "las rutas moleculares específicas implicadas en la sensibilidad al frío en cada caso".

INSENSIBILIDAD EN NEUROPATÍAS

"Nuestros hallazgos revelan una visión más compleja y matizada de cómo los sistemas sensoriales de distintos tejidos codifican la información térmica. Esto abre nuevas líneas para estudiar cómo se integran estas señales y cómo pueden alterarse en condiciones patológicas, como en ciertas neuropatías donde la sensibilidad al frío está alterada", destacó Katharina Gers-Barlag, primera autora del artículo.

El proyecto contó con la financiación del Plan Nacional de Investigación Científica y Técnica y de Innovación del Gobierno de España, la Agencia Estatal de Investigación y la Generalitat Valenciana, y forma parte de un programa internacional sobre bases moleculares de la percepción del frío en especies adaptadas a entornos térmicos extremos.

(SERVIMEDIA)
18 Dic 2025
EDU/gja

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