Informe
La ONU cuestiona la 'narrativa reduccionista' de la sequía como desencadenante de la guerra civil siria
- Tras un trienio seco, el sector agrícola se recuperó rápidamente hasta llegar a un nivel casi récord en 2010, un año antes del inicio del conflicto
- Un 19% de las tierras de cultivo fueron abandonadas entre 2001 y 2016 por cambios políticos, socioeconómicos y ambientales
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La guerra civil siria, que comenzó en 2011, se ha presentado ampliamente como un ‘conflicto climático’ y una migración masiva y un levantamiento provocados por una grave sequía, 'narrativa reduccionista' que queda desmentida en un nuevo informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
El informe, titulado ‘El nexo entre sequía, migración y conflicto: ¿Fue la guerra civil siria realmente causada por el cambio climático?’ y difundido este jueves, desmonta la popular teoría de la ‘guerra climática’. Muestra que, si bien la sequía meteorológica en Siria fue una realidad, el abandono masivo de tierras de cultivo derivó en un desastre económico provocado por años de políticas desadaptativas.
Al analizar los cambios históricos en el uso del suelo y los patrones migratorios, el informe argumenta que la causa del colapso de los medios de vida rurales sirios se debe a un fallo sistémico de la gobernanza, no a un factor de estrés ambiental.
Con el análisis de datos satelitales y entrevistas a los agricultores afectados, los autores comprendieron mejor las causas profundas y la trayectoria de los acontecimientos, y revelan que las semillas de la crisis se sembraron mucho antes de la sequía de 2007 a 2009.
DECISIONES POLÍTICAS
El análisis muestra que un 19% de las tierras de cultivo fueron abandonadas entre 2001 y 2016, un colapso estructural que comenzó mucho antes de la sequía de 2007-2009, impulsado por profundas desigualdades y recortes repentinos de subsidios que dejaron indefensos a los agricultores más pobres.
Según el informe, la migración antes de la guerra era una estrategia de adaptación común entre los residentes rurales, incluso en años sin sequía. “Culpar a la falta de lluvia ignora las decisiones políticas que privaron a los agricultores de sus redes de seguridad”, según Lina Eklund, investigadora en Seguridad Ambiental, Conflictos y Migración en el UNU-INWEH y autora principal del informe.
Los datos muestran que, si bien la sequía fue grave, el sistema agrícola se recuperó tras ella. Fue la combinación de conflicto y mala gestión a largo plazo lo que llevó a la gente a abandonar sus tierras.
‘TORMENTA PERFECTA’
Por otro lado, el informe cuestiona la creencia generalizada de que la sequía de 2007-2009 provocó un colapso agrícola inmediato que desencadenó el levantamiento de 2011. Contrariamente, las imágenes satelitales demuestran que el sector agrícola fue resiliente: la actividad agrícola repuntó hasta alcanzar un máximo casi récord en 2010, cubriendo el 90% de la tierra cultivable tan solo un año antes del inicio de la guerra.
Sin embargo, esta recuperación ocultó una profunda fractura entre ‘ganadores y perdedores’. Mientras que el riego estatal continuó en zonas privilegiadas, los pequeños agricultores del noreste de secano se enfrentaron a una ‘tormenta perfecta’ cuando se eliminaron los subsidios a los combustibles y fertilizantes en 2008 y 2009, triplicando así el coste del diésel de riego de la noche a la mañana.
El estudio concluye que la migración prebélica era en gran medida interna y circular, y actuó como un mecanismo tradicional de supervivencia económica. Fue solo después de 2011, impulsada por la violencia de la guerra civil, cuando pasó de ser una estrategia adaptativa a un desplazamiento forzado y permanente con escasas posibilidades de retorno.
En cambio, las regiones con una mejor gobernanza hídrica, como partes de la vecina Turquía, mitigaron presiones climáticas similares, lo que ilustra marcadas disparidades entre los contextos de bajos y altos ingresos.
BARRERAS
Por otra parte, el informe identifica una compleja red de barreras que exacerbó la crisis, arraigada en la dependencia agrícola insostenible y las fallas de gobernanza, más que en factores ambientales por sí solos.
Décadas de políticas estatales que promovieron cultivos con un uso intensivo de agua, como el algodón y el trigo, agotaron las reservas de agua subterránea, creando una ‘sequía socioeconómica’ que persistió incluso con el regreso de las lluvias.
Esta vulnerabilidad se vio agravada por una transición abrupta a una ‘economía social de mercado’, donde la reducción drástica de las redes de seguridad y la eliminación de los subsidios dejaron a los agricultores del noreste sin protección financiera contra las crisis climáticas.
En última instancia, el estudio confirma que el propio conflicto se convirtió en la principal causa del desplazamiento, destruyendo infraestructuras e impidiendo el regreso a tierras abandonadas, consolidando así la crisis, impidiendo así la recuperación agrícola.
“Etiquetar las complejas crisis geopolíticas simplemente como 'guerras climáticas' exime de responsabilidad a la mala gobernanza”, apunta Kaveh Madani, director del UNU-INWEH, quien concluye: “Las narrativas reduccionistas y las teorías conspirativas basadas en correlaciones simples pueden generar mucho revuelo mediático, pero pasan por alto las complejas relaciones causales que deben comprenderse para lograr la estabilidad, la seguridad y la justicia”.
(SERVIMEDIA)
18 Dic 2025
MGR/gja


