Ictus
Un superviviente de un ictus alerta del coste de la rehabilitación: “No puedo pagar 3.000 euros al mes porque arruino a la familia”
- Con motivo del Día Mundial del Ictus
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Francisco Javier Puche, que sufrió un ictus isquémico a los 41 años, reclama más recursos públicos para continuar las terapias tras el alta hospitalaria y evitar que la recuperación dependa de la economía familiar: “Yo no puedo pagar 3.000 euros al mes porque arruino a la familia”.
En declaraciones a Servimedia con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra este jueves, Puche explicó que necesitaba fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional, pero que el coste de estos servicios en centros privados hacía “inviable mantener el tratamiento”. Su testimonio pone el foco en una etapa menos visible de la enfermedad: “la vida después de la urgencia, cuando persisten las secuelas y las necesidades de apoyo”.
Puche sufrió el ictus en mayo de 2017. Su recuperación pasó por el Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral (Ceadac), en Madrid, y posteriormente por el Centro de Promoción de la Autonomía Personal (CPAP) de Bergondo, en A Coruña. La experiencia le permitió comprobar las diferencias entre acceder a recursos públicos y tener que recurrir a servicios privados.
En Galicia, explicó, recibió atención en un centro público del Imserso y los principales gastos se limitaron a los desplazamientos y a las necesidades cotidianas durante su estancia. En Madrid, en cambio, calculó que mantener las terapias que necesitaba podía costarle “unos 3.000 euros mensuales”.
“Si no tienes recursos, olvídate”, advirtió al referirse a las dificultades para continuar la rehabilitación cuando termina la atención financiada públicamente. A su juicio, la falta de recursos económicos también limita el acceso a productos de apoyo, instalaciones deportivas adaptadas y actividades que contribuyan a recuperar la autonomía.
El coste de la recuperación no se limita a las sesiones con profesionales. Puche señaló que determinados productos necesarios para desenvolverse en el día a día también pueden suponer “un esfuerzo económico importante”. Como ejemplo, mencionó un cuchillo adaptado para utilizar con la mano izquierda, cuyo mango y hoja le costaron alrededor de 25 euros cada uno, así como un dispositivo para el pie por el que pagó 120 euros.
Por ello, pidió a las administraciones que faciliten el acceso a estos productos a las personas con discapacidad y que refuercen los recursos disponibles. También reclamó más instalaciones deportivas adaptadas y una mayor difusión sobre el ictus, ya que, según lamentó, “todavía existe desconocimiento sobre la enfermedad y sus consecuencias”.
La falta de instalaciones cercanas es otra de las barreras que encuentra. Puche explicó que para entrenar con un club de atletismo adaptado debe desplazarse en transporte público durante aproximadamente una hora y media por trayecto. Ante esta situación, participa en iniciativas para impulsar nuevas oportunidades deportivas, entre ellas un proyecto de escuela de atletismo adaptada en San Sebastián de los Reyes.
NUEVE AÑOS DESPUÉS, UNA VIDA RECONSTRUIDA
El ictus le dejó paralizada la parte derecha del cuerpo, desde el pie hasta la cabeza. Aunque puede caminar, mantiene dificultades de movilidad y sensibilidad y utiliza la mano derecha principalmente como apoyo. Además, ya no puede conducir, una limitación que condiciona sus desplazamientos y parte de su autonomía.
Pese a ello, asegura que ha conseguido construir una vida con nuevos objetivos. “Ahora mismo soy más feliz que antes del ictus”, afirmó. Antes de sufrirlo, explicó, llevaba un ritmo marcado por las obligaciones laborales que le resultaba “agobiante” y “asfixiante”. Ahora dispone de más tiempo para sus intereses, aunque reconoció que “las secuelas también dificultan compartir planes con amigos y conocidos que tienen responsabilidades laborales y familiares”.
Uno de sus principales retos ha sido volver a realizar actividades que antes consideraba “imposibles”. Entre ellas está el Camino de Santiago, que ha recorrido pese a las dificultades físicas. Su primera experiencia le permitió comprobar que podía completar etapas largas, aunque necesitara avanzar a otro ritmo. Ahora se prepara para realizar una cuarta ruta de 114 kilómetros.
“Los límites los pongo yo, nadie más”, aseguró, aunque matizó que es necesario conocer las propias capacidades y no asumir riesgos innecesarios. Para él, la recuperación también consiste en mantener la confianza, probar nuevas actividades y aceptar que “no todos los objetivos se alcanzan a la primera”.
UN TESTIMONIO PARA OTROS PACIENTES
Su experiencia dio origen al libro ‘Más allá del ictus: Mi historia de supervivencia y superación’, que comenzó a escribir durante su estancia en Galicia como una memoria personal. La soledad y la dificultad de afrontar una vida nueva después de la enfermedad le llevaron a poner por escrito lo que estaba viviendo.
Con el tiempo, una amiga periodista le animó a convertir esos recuerdos en un libro que pudiera ayudar a otras personas. La obra no pretende sustituir la información médica, sino “mostrar desde la perspectiva del paciente las dificultades que persisten después de la urgencia hospitalaria”.
Puche espera que el testimonio sirva tanto a quienes han sufrido un ictus como a sus familiares, que a menudo “no saben cómo acompañar a una persona cuya vida ha cambiado”. Actualmente es embajador de la Fundación Segunda Parte y participa en actividades de sensibilización y encuentros con pacientes y familias.
Desde esa experiencia, insistió en que la recuperación no termina al abandonar el hospital y que el apoyo familiar y profesional resulta fundamental para afrontar las secuelas. “Superación significa dar todo de ti cada día”, resumió.
A su juicio, ese esfuerzo individual debe ir acompañado de recursos que permitan mantener los avances y recuperar proyectos personales sin que la falta de dinero se convierta en una barrera.
(SERVIMEDIA)
29 Oct 2026
RIM/clc
