Neurociencia
La ciencia vuelve a Ramón y Cajal para avanzar en enfermedades que causan ceguera
- Un trabajo recupera los estudios del Nobel mientras se abren nuevas vías terapéuticas frente a la discapacidad visual, como por ejemplo mini-retinas 'criadas' en laboratorio
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
Un artículo científico liderado por el catedrático en Biología Molecular Nicolás Cuenca reivindica la vigencia de los estudios de Santiago Ramón y Cajal sobre la retina y sostiene que revisitar su legado permite mejorar la comprensión del cerebro y de patologías visuales, abriendo nuevas vías para su diagnóstico y tratamiento.
Un 'paper' publicado en la revista 'Frontiers in Cellular Neuroscience' pone en valor la actualidad del trabajo de Santiago Ramón y Cajal, considerado el 'padre de la neurociencia', en el estudio de la retina como modelo clave del sistema nervioso, en un contexto médico actual de renovado interés por las enfermedades neurodegenerativas y la pérdida de visión.
El trabajo está firmado por el catedrático de Biología Celular de la Universidad de Alicante, Nicolás Cuenca; la directora del programa de células madre oculares de la Universidad de Colorado (EEUU), Valeria Canto-Soler, y la investigadora del National Eye Institute de EEUU, Patricia Becerra, quienes subrayan la vigencia de las aportaciones del Nobel español más de un siglo después.
Los autores destacaron que la retina sigue siendo un modelo privilegiado para entender el cerebro. “La retina permite estudiar el sistema nervioso”, señalaron, en línea con la visión de Cajal, que ya la consideró "una extensión accesible del encéfalo". Recordaron además que la organización estructural descrita por el científico español “permanece fundamentalmente válida”, lo que confirma la solidez de sus descubrimientos.
FOTORRECEPTORES, GANGLIONARES Y AMACRINAS
El artículo pone el foco en uno de los grandes logros de Cajal: la identificación y clasificación de los principales tipos de neuronas del sistema visual, entre ellas los fotorreceptores, las células bipolares, ganglionares y amacrinas. Esta arquitectura celular, descrita con detalle a finales del siglo XIX, sigue "siendo la base para entender cómo se procesa la información visual y qué ocurre cuando estos mecanismos fallan".
A partir de este conocimiento, la investigación actual está desarrollando nuevas herramientas que conectan directamente con el legado de Cajal. Entre ellas destacan los organoides retinianos, estructuras celulares creadas en laboratorio que reproducen el funcionamiento de la retina humana.
Estos 'mini órganos' permiten recrear procesos biológicos complejos, estudiar enfermedades y probar terapias en condiciones controladas, según los autores, que añadieron que estas tecnologías abren una nueva etapa en la investigación biomédica. La razón: que permiten observar cómo se desarrollan y degeneran las neuronas en tiempo real. Esto resulta especialmente relevante en patologías que causan discapacidad visual, como el glaucoma, la degeneración macular o la retinosis pigmentaria.
UNA HERRAMIENTA CIENTÍFICA DE PRIMER ORDEN
Este texto internacional subraya que revisitar el trabajo de Cajal no es un ejercicio histórico, sino una herramienta científica de primer orden. “Volver a Cajal permite reinterpretar los circuitos neuronales con tecnologías actuales”, apunta el análisis, en referencia a la integración de avances como los modelos celulares avanzados o las herramientas de investigación digital. Más de un siglo después, concluyeron los investigadores, el legado de Ramón y Cajal "sigue guiando la investigación en neurociencia y contribuyendo a desentrañar los mecanismos del cerebro y de la visión, consolidándose como una base imprescindible para el desarrollo de futuras terapias".
Santiago Ramón y Cajal (1852–1934) desarrolló gran parte de su trabajo a finales del siglo XIX y principios del XX, centrado en el estudio del sistema nervioso mediante técnicas de tinción que le permitieron observar con gran detalle la estructura de las neuronas. Sus investigaciones demostraron que el cerebro está compuesto por células individuales (las neuronas) y no por una red continua, como se creía hasta entonces, sentando las bases de la llamada “doctrina de la neurona”.
Realizó aportaciones fundamentales al conocimiento de la retina, órgano en el que identificó y clasificó distintos tipos de células y describió sus conexiones. Por estos descubrimientos, que revolucionaron la comprensión del sistema nervioso, recibió el Premio Nobel de Medicina en 1906, compartido con Camillo Golgi, consolidando un legado científico que, más de un siglo después, sigue guiando la investigación en neurociencia y enfermedades neurológicas.
EL INSTITUTO CAJAL Y EL LEGADO DEL NOBEL
El Instituto Cajal, centro de investigación en neurociencias dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fue fundado en 1920 y estuvo dirigido en sus inicios por Santiago Ramón y Cajal. Desde entonces, se ha consolidado como un referente internacional en el estudio del cerebro y la organización del sistema nervioso. El centro alberga el denominado 'Legado Cajal', un conjunto único de materiales científicos y personales que el propio investigador dispuso conservar tras su fallecimiento en 1934. Este fondo, ampliado con aportaciones de sus discípulos y de la Escuela de Histología Española, constituye una base esencial para comprender el desarrollo de la neurociencia moderna.
En la actualidad, y ante el traslado del instituto a Alcalá de Henares y la futura creación de un Museo Cajal en Madrid, el CSIC ha decidido custodiar temporalmente este legado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, garantizando así su conservación y accesibilidad mientras se define su ubicación definitiva.
(SERVIMEDIA)
12 Abr 2026
EDU/mjg
