Enfermedad rara

Jordi Martínez, paciente con IgG4: “Me llegaron a diagnosticar cáncer de laringe, de vejiga y de próstata”

- España aprueba el primer tratamiento para esta patología rara autoinmune que suele confundirse con un cáncer

Madrid
SERVIMEDIA

La enfermedad ER-IgG4, una patología rara autoinmune capaz de simular procesos tumorales y provocar daños irreversibles en distintos órganos, cuenta desde este lunes con la primera terapia aprobada y financiada específicamente para esta dolencia. Jordi Martínez, paciente con IgG4, alertó sobre la existencia de diagnósticos erróneos: “Me llegaron a diagnosticar cáncer de laringe, de vejiga y de próstata”.

La inclusión de ‘inebilizumab’ (Uplizna®) en la prestación farmacéutica del Sistema Nacional de Salud (SNS) anunciada este lunes por la biotecnológica Amge supone un “importante avance para una enfermedad todavía poco conocida, infradiagnosticada”, explicó a Servimedia el médico especialista Andrés González García, adjunto del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas (GEAS) de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

La complejidad de esta patología obliga con frecuencia a los pacientes a recorrer un largo camino de incertidumbre antes de obtener respuestas. La llegada de esta nueva opción terapéutica abre una puerta de esperanza a quienes padecen la enfermedad que, según los especialistas, suele confundirse con otras patologías más frecuentes, entre ellas “determinados tipos de cáncer, enfermedades inflamatorias o procesos infecciosos”. Como consecuencia, muchos pacientes reciben el diagnóstico cuando la enfermedad ya ha causado daños orgánicos permanentes.

Jordi Martínez Díaz, de 46 años, conoce bien esa realidad. Los primeros síntomas aparecieron cuando tenía 39 años y el diagnóstico definitivo no llegó hasta tres años después. Durante ese tiempo convivió con la incertidumbre, las pruebas médicas y la sospecha constante de padecer una enfermedad oncológica.

PROCESO "TORTUOSO"

“Fue un proceso muy tortuoso, de altibajos e incertidumbre”, recordó en una entrevista concedida a Servimedia. “A esta enfermedad la llaman la gran imitadora porque cada vez que te hacen una prueba de imagen es muy similar a un cáncer o a un tumor”.

Su testimonio refleja una de las principales características de la ER-IgG4: “La dificultad para identificarla”. Las masas inflamatorias que produce pueden tener una apariencia prácticamente indistinguible de la de algunos tumores, lo que explica que numerosos pacientes sean inicialmente estudiados por sospechas de cáncer antes de llegar al diagnóstico correcto. En el caso de Jordi, los diagnósticos erróneos llegaron a ser especialmente duros. “Me llegaron a diagnosticar cáncer de laringe, de vejiga y de próstata”, explicó.

Finalmente, los especialistas descubrieron que detrás de aquellas alteraciones se encontraba una enfermedad rara autoinmune. La noticia llegó acompañada de sentimientos encontrados. “Fue un sentimiento contradictorio. Por un lado, estaba muy contento porque sabía que no tenía cáncer, pero por otro, descubrí que tenía una enfermedad rara que no tiene cura”.

UNA ENFERMEDAD POCO CONOCIDA

La ER-IgG4 es una enfermedad fibroinflamatoria crónica mediada por el sistema inmunitario. Se caracteriza por la infiltración de células inflamatorias en distintos tejidos y órganos, generando lesiones que pueden evolucionar hacia fibrosis y pérdida de función.

Aunque puede afectar prácticamente a cualquier órgano, las localizaciones más frecuentes incluyen el páncreas, las glándulas salivales y lagrimales, la vía biliar, los riñones, el retroperitoneo, los pulmones o determinadas estructuras vasculares.

Su prevalencia estimada se sitúa en torno a cinco casos por cada 100.000 habitantes, aunque los expertos consideraron que existe “un importante infradiagnóstico debido a la complejidad de su identificación”.

El director médico de Amgen Iberia, Miquel Balcells, explicó en declaraciones a Servimedia que una de las principales dificultades reside precisamente en “la diversidad de manifestaciones clínicas”. “Puede afectar a diferentes órganos, lo que dificulta mucho su diagnóstico. Muchas veces el diagnóstico inicial es erróneo porque biológicamente y clínicamente es muy parecida al efecto que tiene un tumor”, señaló.

La enfermedad fue reconocida como “entidad clínica diferenciada” hace relativamente poco tiempo. Durante años, las diferentes manifestaciones se consideraban patologías independientes según el órgano afectado. No fue hasta principios de este siglo cuando comenzaron a aparecer las primeras publicaciones científicas que permitieron comprender que “todas ellas formaban parte de un mismo proceso inmunológico”.

Según Balcells, las primeras descripciones modernas aparecieron en Asia a comienzos de los años 2000 y posteriormente fueron desarrollándose criterios diagnósticos internacionales que permitieron identificar mejor la enfermedad.

A pesar de estos avances, sigue siendo una patología desconocida para buena parte de la población y también para muchos profesionales sanitarios.

“SOMOS LOS 'HOUSE' DE LOS HOSPITALES”

El doctor Andrés González García consideró que el principal motivo del infradiagnóstico es el desconocimiento. “Es una enfermedad poco frecuente y muy infradiagnosticada”, afirmó.

Según explicó, la ER-IgG4 comparte síntomas y hallazgos radiológicos con numerosas patologías mucho más habituales, por lo que suele quedar relegada a un segundo plano durante el proceso diagnóstico. “Puede parecer un cáncer, una infección o cualquier otro proceso inflamatorio. Por estadística, los médicos van a pensar antes en esas enfermedades más frecuentes”.

La dificultad aumenta porque no existe una prueba única capaz de confirmar por sí sola el diagnóstico. “No hay una determinación analítica, radiológica o clínica que sea completamente fidedigna. Es un diagnóstico integrado que exige reunir múltiples elementos y excluir otras enfermedades”, indicó.

En este contexto, los internistas desempeñan un papel especialmente relevante. “Somos un poco los 'House' de los hospitales”, explicó. “Nuestra especialidad se encarga de los diagnósticos complejos, de las enfermedades raras y multisistémicas. Por eso solemos tener esta patología en mente cuando valoramos determinados casos”.

Uno de los mayores problemas de la ER-IgG4 es que suele evolucionar lentamente. A diferencia de otras enfermedades autoinmunes que producen síntomas bruscos o agresivos, esta patología puede desarrollarse durante años antes de generar manifestaciones claramente identificables. “Es una enfermedad más bien indolente”, explicó González. “La afectación es progresiva y muchas veces cuando da la cara ya existe un daño importante”.

Ese avance silencioso tiene consecuencias directas sobre los órganos afectados. La inflamación mantenida acaba favoreciendo procesos de fibrosis que pueden comprometer de forma irreversible la función de los tejidos. “Muchas veces diagnosticamos a los pacientes cuando ya presentan daños permanentes”, advirtió.

Los especialistas estiman que una proporción significativa de los afectados llega al diagnóstico con varios órganos comprometidos.

EL COSTE PERSONAL DE LA ENFERMEDAD

Más allá de las cifras clínicas, la ER-IgG4 tiene un profundo impacto en la vida cotidiana de los pacientes. En el caso de Jordi Martínez las secuelas de la enfermedad han modificado completamente su proyecto vital. Actualmente se encuentra en situación de desempleo y pendiente de la concesión de una incapacidad laboral. “He tenido que dejar de trabajar”, resumió.

El cansancio persistente, el dolor en las extremidades y las limitaciones derivadas de la afectación de la voz han reducido significativamente su autonomía. “Hablar supone un esfuerzo muy grande”, explicó. Lo que para otras personas son actividades cotidianas se han convertido para él en situaciones difíciles de gestionar. “Ir a tomar algo con amigos, estar en un restaurante con ruido o acudir a una fiesta con mis hijos resulta complicado porque no me oyen”, añadió.

A ello se suma otro aspecto frecuente en muchas enfermedades raras: la invisibilidad. “Aparentemente parece que no te pasa nada”, señaló. “La gente te dice que te ve bien”.

Sin embargo, esa apariencia externa no refleja las limitaciones físicas y emocionales que experimentan los pacientes.

La incertidumbre diagnóstica, la pérdida de capacidades y la sensación de incomprensión generan también un importante impacto psicológico. Jordi Martínez reconoció que necesitó apoyo profesional para afrontar todo el proceso: “He tenido que recibir ayuda psicológica para gestionar las emociones”.

La enfermedad provocó momentos de tristeza, enfado e incomprensión. “He estado muy enfadado, muy triste y me he sentido incomprendido”.

Pese a las dificultades, los expertos coincidieron en que recibir un diagnóstico correcto representa un punto de inflexión. “Dentro de la desgracia que supone tener una enfermedad, es una suerte estar diagnosticado", señaló el doctor González.

La afirmación puede parecer contradictoria, pero refleja una realidad conocida en el ámbito de las enfermedades raras. Muchos pacientes pasan años sin saber qué les ocurre. Algunos reciben diagnósticos incorrectos y otros permanecen atrapados en procesos clínicos inconclusos.

Contar con una explicación definitiva permite iniciar el tratamiento adecuado, planificar el seguimiento médico y comprender mejor la evolución de la enfermedad. “Es muy importante que el paciente esté acompañado por profesionales que conozcan esta patología”, añadió el especialista.

TRATAMIENTO DISPONIBLE EN ESPAÑA

La principal novedad para los pacientes llega con la financiación de ‘inebilizumab’ por parte del Sistema Nacional de Salud, que se basa en los resultados del estudio ‘fase III Mitigate’, el primer ensayo clínico que ha demostrado de forma robusta la eficacia de una terapia específica para la ER-IgG4, explicaron.

Los resultados mostraron una reducción del 87% en el riesgo de brotes frente a placebo. Además, cerca del 90% de los pacientes logró alcanzar una remisión completa sin brotes y sin necesidad de glucocorticoides durante al menos doce meses. El perfil de seguridad observado fue consistente con la experiencia previa disponible para este medicamento, explicaron desde Amge.

Hasta ahora, las opciones terapéuticas disponibles se basaban principalmente en glucocorticoides, inmunosupresores convencionales y determinados tratamientos biológicos utilizados a partir de la experiencia acumulada en otras enfermedades autoinmunes, explicaron los expertos. Sin embargo, muchos pacientes recaen cuando se intenta reducir la dosis. “Algunos responden inicialmente, pero cuando disminuimos los corticoides la enfermedad reaparece”, explicó González.

Esta situación obliga con frecuencia a mantener tratamientos prolongados que pueden generar efectos adversos importantes. Entre ellos figuran un mayor riesgo de infecciones, osteoporosis, alteraciones metabólicas, diabetes, hipertensión o problemas cardiovasculares.

Pese al avance terapéutico, especialistas y pacientes coincidieron en que el principal desafío continúa siendo el diagnóstico temprano. La disponibilidad de tratamientos eficaces tendrá un impacto limitado si los pacientes siguen llegando tarde a las consultas especializadas. “No existe suficiente conocimiento sobre esta enfermedad”, reconoció Balcells.

Con el objetivo de “impulsar esa visibilidad”, los pacientes han comenzado a organizarse. Jordi participa en la Asociación Española de Enfermedad Relacionada con IgG4, una entidad creada para dar apoyo a los afectados y contribuir al conocimiento de una patología todavía desconocida para gran parte de la sociedad.

(SERVIMEDIA)
01 Jun 2026
RIM/gja